Pastor:Pablo FloresMisión Bautista Hermandad
De todas las apariciones del Cristo resucitado, quizás no hay ninguna que haya tocado los corazones de los cristianos como esta. Ha sido fuente de consuelo para muchos; ha traído la reconciliación a tantos
El Señor resucitado se reveló a María en el jardín, y esa historia siempre será preciosa para la iglesia; el Señor entró al lugar donde estaban los once reunidos, y se reveló a Tomás, y a Pedro y a Juan junto al mar de Galilea Pero hay algo especial en esta historia de un encuentro en el camino que llevaba las seis millas de Jerusalén a Emaús.
Quienes eran estos dos? No sabemos, sólo conocemos el nombre de uno de ellos, Cleofas. Es cierto que no eran ninguno de los once - porque a esos fueron con las noticias de su encuentro con el Señor.
Podemos adivinar que eran conocidos íntimos de los apóstoles, porque sabían donde estaban escondidos.
Pero no sabemos nada de estos hombres, ni de su historia en los años antes de la cruz, ni de su servicio en los años después del Pentecostés.
No eran distinguidos, ni en su celo por el Señor, ni en su lugar entre aquellos que habían sido seguidores del Señor.
Miren, no me parece ser coincidencia que el Señor se reveló tan plenamente a estos hombres no distinguidos, a estos hombres desconocidos.
Cuantos ejemplos de estos tenemos; entre ellos aquel encuentro que el Señor tuvo con una mujer samaritana, que también nos es desconocida y sin nombre, con la cual el Señor también se reveló plenamente, ricamente.
Y ahora, después de la cruz, después de su muerte y su resurrección, vemos al mismo Señor, revelándose aún a los corazones humildes y pobres.
Aquí está el Salvador del hombre no distinguido, del pobre, del débil, del insignificante, del inculto, del despreciado. Aquí el Señor que ama a esas vidas oscuras que son preciosas en los ojos de Su Padre.
Si estos caminantes hubiesen sido Pedro y Juan, quizás su experiencia no nos afectaría tanto pero siendo lo que eran, podemos identificarnos con ellos.
Primeramente, tratemos de entender el estado mental y emocional de estos viajeros.
No hacía mucho que sus esperanzas habían ardido brillantemente como la cometa que recientemente nos visitó.
Ellos confiaban que Jesús era el que redimiría a Israel - al seguir a Jesús en su ministerio público, al ver sus milagros, al oir sus palabras más y más brillante se hacía su convicción de que este era el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Pero la cruz había puesto fin a sus esperanzas, pues no habían entendido sus muchas advertencias de que él sería entregado, y puesto a muerte y que al tercer día resucitaría:
"Destruid este templo y al tercer día lo levantaré " Juan 2.19
El sol se ponía sobre este tercer día y la oscuridad se cernía sobre el mundo, y aún sobre los corazones de ellos
Habían oído rumores de que algunas mujeres lo habían encontrado su tumba vacía. Pero era una cosa decir que la tumba estaba vacía y otra cosa decir que Cristo Jesús había resucitado.
Aún estas mujeres habían confesado no haber visto al Señor mismo, sino solo una tumba vacía, y la piedra removida, y algunas personas misteriosas que tomaron por ángeles.
No, su Maestro no había resucitado, nunca más lo verían, ni oirían sus palabras, ni lo seguirían por las calles de alguna aldeíta. Aquella tarde, en su jornada a Emaús, eran dos discípulos convencidos de que habían perdido a su Señor, y habiéndolo perdido, también habían perdido su esperanza.
¿Habrá algunos aquí como estos dos? ¿Algunos a quienes Cristo les fue muy real, pero ahora sienten un gran vacío, tal como si sus esperanzas han muerto?
Hermano o hermana, si esa es su condición, si usted antes tuvo una esperanza que ahora no siente, usted es como estos dos en su jornada a Emaús.
Algo más es notable
"Que pláticas son estas que teneis entre vosotros mientras caminais, y por qué estais tristes?
A veces en esta vida, por las calles vemos algun rostro triste, todas la lineas en esa cara denotan dolor, tales caras son difíciles de olvidar.
El Señor inmediatamente lo notó en las caras de estos viajeros: la falta de alegría en sus rostros - unas miradas melancólicas, sufridas - y esto lo conmovió, esto tocó su corazón.
Dios tiene un lugar especial en su corazón para los tristes ¿lo sabían?
"El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas." Salmo
147.3
"Bienaventurados los que lloran," - dijo el Señor - "porque
ellos recibirán consolación
" Mateo 5.4
"[Soy] enviado," - dijo Jesús - "a sanar a los quebrantados
de corazón" Lucas 4.17
Ellos estaban tristes, porque habían perdido sus esperanzas. Estar con Jesús era estar feliz. Tendrían sus problemas, como todos nosotros; como todo ser humano. Quizás eran agricultores tratando de lograr una cosecha de aquel suelo duro y áspero. Quizás eran pescadores que a menudo trabajaban duro, pero sin pescar nada.
Pero al estar con Jesús habrían sentido gozo, paz y gozo produndo, interno, real. Cuando El estaba con ellos todas sus preocupaciones, todos sus problemas se desvanecían. Pero su Señor ya no estaba con ellos y en su caminar se notaba la tristeza.
Todas estas tristezas son en parte elementos de nuestra mortalidad. Pero, hay una tristeza espiritual que difiere de estas - y es cuando el Señor parece estar ausente
Allí la oración parece no subir al cielo, la Biblia pierde su fragancia, el servicio al Señor se vuelve una carga, el corazón del discípulo está triste.
Entonces decimos con María Magdalena: "¡Se han llevado a mi Señor, y no se donde lo han puesto!" Quizás hay algún discípulo, hijo o hija del Señor, que sienta esta tristeza. Te animo, pues tu condición era como la de estos viajeros.
Pero hay algo más, notable y evidente, en su condición mental, emocional, espiritual:
Habína perdido su esperanza, habían perdido su gozo,
Aqlla tarde, caminando hacia Emaús, su hablar, su charla era del Señor Jesús dice el versículo 15 que "hablaban y discutían entre sí" quizás como a veces hablamos los hispanos, cuando hay algo que nos interesa, con gestos y voces, con ánimo.
¿Porqué? Quizás porque ahora, ahora que les faltaba, se daban cuenta de lo mucho que necesitaban al Señor. Quizás nunca habían entendido cuánto le amaban hasta ahora, cuando pensaban que lo habían perdido.
Dicen que cuando uno pierde algo es cuando más lo quiere ¿Será verdad eso?
El hablar de estos discípulos ahora era de Cristo, y el deseo más profundo de su corazón era el poder encontrarlo a El nuevamente.
¿Habrá alguien aquí que en lo secreto de su corazón siente lo mismo?
¿Te has descuidado, te has apartado, te has deslizado, te encuentras perdido en el mundo, y ahora sientes que o puedes seguir sin El?
El salmista David habla por tí, el dice:
"Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por tí, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de mi Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?" Salmo 42.1-3
Si así te sientes, acuérdate, puedes identificarte con estos hombres:
Tal era la condición espiritual de estos hombres; ahora ¿cómo trató Jesús con ellos?
"¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" Vers. 24
Podemos aquí entender con seguridad que estos dos discípulos nunca habían entendido la necesidad de la muerte del Señor. Creían que reinaría y se imaginaban un trono y no una cruz. Cualquier idea de la cruz habían tratado de ignorar, de borrar. Que aquel a quien ellos amaban tuviese que morir la muerte de un criminal parecía algo demasiado horrible para aceptar. Y cuando lo imposible se hizo realidad les parecía que tenía que haber sido una equivocación del cielo.
Entonces Cristo se encuentra con ellos - y después de un bien merecido regaño les habla de su muerte y se dan cuenta que la crucifixión no fue por accidente, no fue la gran calamidad - fue la gran necesidad.
¿Era necesario que Cristo muriese? Si, y empezaron a darse cuenta que la cruz que odiaban era aún más preciosa que una corona. Entonces, sus corazones comenzaron a arder dentro de ellos y todo comenzó a lucir diferente.
Creo que siempre será así con el corazón que desea la comunión con el Dios viviente, el primer paso hacia la reconciliación y la paz es enfrentar, cara a cara, la muerte de Cristo Jesús.
Allí verás que eres un pecador, que no puedes salvarte, pero que Dios ha enviado un
Salvador y que por la muerte de El tú tienes vida.
Allí encontrarás la base de nuestra paz con Dios - sólo en la sangre de Cristo hay paz
para tu alma y comunión con Dios.
Ahora, el segundo paso del Señor fue
Lucas 24: 27
Aquí vemos que El es el mismo - aún después de su gloriosa resurrección vuelve a
las Sagradas Escrituras que aprendió en su niñez sobre las piernas de su madre.
¿Sería que estos dos viajeros habían sido negligentes en su estudio de las Escrituras? Piensen en lo que tiene que haber sido cuando el Maestro de maestros comenzó a interpretar las Escrituras
Al interpretarlas Cristo, las Escrituras se volviern un libro vivo a ellos.
Aquí está una de las señales seguras de la presencia del Señor - El Cristo vivo hace que las Escrituras sen vivas.
Amigo, cuando usted comienze a leer en la Palabra y algún texto toca su corazón - no se sorprenda! Cristo está cerca.. cuando usted recuerda algún versículo, o aún parte de un versículo y se conmueve - no se endurezca! ¡Cristo está cerca! Cuando nuevamente se siente llamado por alguna palabra del Señor - no resista! ¡Cristo está cerca!
Entonces, y sólo entonces, Cristo
¿Qué esperábamos, algo más grandioso? La transfiguración, como en el monte, cuando las ropas del Señor se volviern blancas como la nieve, y la gloria del cielo lo cubrió. No, fue en un gesto común - tomó pan y lo partió y lo dió a ellos y entonces lo reconocieron.
Estaba con ellos, había estado con ellos - pero ahora lo reconocieron. Quizás fue la bendición que usó al partir el pan, quizás al usar sus manos vieron las marcas de los clavos No sé, pero lo reconocieron. ¡Su Señor estaba con ellos!
Amigo, no sé cómo el Señor tocará su corazón en el día de hoy, pero una cosa es cierta, hemos leído Su Palabra, hemos proclamado Su muerte y Su resurrección, y el que toca a tu corazón en este momento es el Señor, ven a El.