Pastor:Felipe Polo WoodMisión Bautista Hermandad

Marcos 12:41-44

El Señor mira cómo damos

41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; 44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.

I. El Señor recibe las ofrendas

Es increíble con cuanta frecuencia nos olvidamos que el Señor nos está mirando. Es una tendencia natural. Las avestruces ocultan la cabeza en la arena cuando se sienten en peligro. Casi todos hemos cometido el error, en algun ocasión, de cerrar los ojos y pensar que así nadie nos ve, ¿no es cierto? Pero eso pasa, y al crecer nos damos cuenta cuán tontos fuimos, pensar que podíamos dejar de ser vistos al cerrar los ojos. Que triste es, cuando nosotros, ya grandecitos tratamos de hacer que Dios no exista ignorándolo. Muchas de las personas a las que invitamos a la iglesia no vienen, ¿por qué? Principalmente es porque tienen temor de conocer la verdad, saben que están lejos de Dios, pero el enemigo les engaña en hacerles creer que si ignoran a Dios, el problema se arreglará solito.

Pero mucho más triste es cuando los que un día hemos venido a Jesús y le hemos pedido perdón por nuestros pecados, cometemos el mismo error. Con lágrimas tenemos que venir al Salvador cuando, con tanta facilidad, pasamos a veces un día entero sin pensar en nuestro Señor. En el pasaje citado, Marcos nos cuenta como Jesús miraba al pueblo echar dinero en el arca. Pero fíjense, con que facilidad el pueblo dejaba el dinero y se iba sin siquiera detenerse a adorar a Jesús. El Dios de los cielos estaba sentado allí frente a ellos, pero ellos se limitaban a cumplir con el rito de dejar el dinero y seguir su camino. Una vez, cuando yo era muy joven, una persona muy ritualista me impidió dirigir el culto porque yo no llevaba corbata, yo le dije: "Si el Señor Jesús visitara esta iglesia, probablemente no lo dejarían predicar". Cada día me encuentro con más y más oportunidades en las que los humanos estamos más dispuestos a cumplir con rituales religiosos que a adorar al Señor "en espíritu y en verdad".

II. Muchos ricos echaban mucho

¿A quién le damos nuestras ofrendas? Estas personas estaban dando mucho dinero, pero no lo estaban dando al Señor. Entonces, ¿a quién? Basicamente, a ellos mismos. Los humanos nos damos mucho dinero a nosotros mismos.

Algunos damos para que nos vean los demás. Esto de por sí es darnos a nosotros mismos. Damos para que los demás piensen bien de nosotros, es decir, para construir una buena imagen de nosotros ante los demás. Estamos construyendo nuestra imagen, nos estamos adorando a nosotros mismos.

Algunos otros no damos para que nos vean los demás, pero porque nos hace sentir bien. Nuestra mala conciencia nos acusa constantemente de la cosas malas que hemos hecho, y al dar dinero a otros y a las iglesias nos hace sentir mejor con nosotros mismos. La meta de nuestra vida es sentirnos bien, es otra forma de adorarnos a nosotros mismos.

III. Pero ella se dió a sí misma

La viuda dio solo dos moneditas, el equivalente de la cuarta parte de un centavo! La mayor parte de nosotros nunca nos hubieramos fijado en ella. Probablemente vestía humildemente y en su probeza trataría de no llamar la atención de otros sobre sí misma. Pero Jesús estaba alli! Dios no mira lo que el hombre mira, Dios mira el corazón. Y Jesús vió en el corazón de ella una entrega total al servicio de Dios. "Yo sé que tengo muchas necesidades y que tal vez no tengo para comer mañana, además sé que para el templo dos blancas no harán mucha diferencia, pero también sé que Dios lo sabe todo y él está en control". La única forma que una persona entregue sus últimas dos blancas en el templo, es porque ella, ya antes, había entregado su vida a Dios y sabía que Dios la iba a cuidar en cualquier circunstancia. Satanás y nuestra propia carne tratan de engañarnos para que seamos criaturas inútiles en esta tierra, sirviéndonos a nosotros mismos, pero el Señor quiere que tú y yo seamos siervos útiles a El. La única forma es entregar nuestra vida completamente a El y dejar que sea El quien controle nuestras vidas.