Pastor:Felipe Polo WoodMisión Bautista Hermandad

¿Me amas?

Juan 21

¿Qué hace un pescador cuando ve un lago? Se pone a pescar. Pedro y otros seis discípulos habían ido a Galilea a esperar a Jesús que prometió encontrarles allí.  Como un experimentado pescador, Pedro pensó aprovechar el tiempo y sacar unos cuantos pescaditos para comer, pero, pescaron toda la noche y no sacaron nada.

I. La Obediencia trae bendición

A. Llamados a la obediencia

¿Qué tan difícil es obedecer?

Con cuanta frecuencia leemos en la Biblia historias del pueblo de Israel y de la iglesia en las que podemos encontrar un pueblo desobediente y duro. Jesús quería enseñarles que ellos no estaban en el lugar en que El los quería. El Salmo 127 nos dice claramente: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño.” Jesús le había dicho a Pedro claramente que El lo había llamado a ser “pescador de hombres”, no pescador de peces, pero antes de hacerle recordar sus palabras, Jesús les demuestra que El es Señor de nuestras vidas, no sólo en la iglesia, sino también en nuestro lugar de trabajo.

Pedro debió estar hablando a otros de Jesús, pero había regresado a su antiguo oficio y las cosas no le iban tan bien. Cuando estás fuera de tu puesto, tu vida va a estar frustrada por los fracasos de esta vida.

Jesús les llama desde la orilla: ¿Han pescado algo? No. Echen la red a la derecha de la barca. Los que hemos estado estudiando la Biblia juntos por un tiempo recordamos una situación similar en Lucas 5. Jesús les dijo, “Echen las redes” y los discípulos con los oídos tapados por los incredulidad echaron una sola red, y el resultado fue que la única red que echaron al agua se rompía.

B. Recibiremos bendición

Pero los discípulos ya han aprendido la lección, y cuando el Señor dice que echen la red, ellos obedecen y sacan ciento cincuenta y tres peces grandes, y ni así se rompía la red.

Cuando los discípulos empiezan a obedecer al Señor, reciben no sólo la dicha del perdón y el gozo del Señor, pero también las bendiciones materiales abundan. “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas” se cumple una vez más en este hermoso pasaje. Cuando Dios llegó al huerto del Edén, venía a buscar la comunión con Adán. ¿Dónde estás? Preguntó Dios. ¿Estás donde yo te dejé? ¿Estás firme y fuerte, fiel en el puesto que te encargué? ¿Estás frustrado porque todas las cosas parecen salir mal? Quizás es el momento adecuado para re-examinar tu posición. ¿Dónde estás? ¿Estás haciendo la voluntad de Dios? ¿Sigues pescando pescaditos cuando Jesús te llamó a ser pescador de hombres?

Cuando llegan a la orilla con los 153 pescados, Jesús tenía ya uno en las brasas. Qué maravillosa muestra del control absoluto de Dios. Ustedes se han pasado toda la noche pescando sin coger nada, y ustedes son pescadores, y yo, que según ustedes no se nada de pesca, ya estoy terminando de cocinar un delicioso pescado que nos servirá de desayuno.

II. La Entrega trae servicio y sacrificio

A. Amarás al Señor tu Dios por sobre todas las cosas

Pero la historia no termina allí. Después de haberles enseñado exitósamente que El cuidaría materialmente de ellos, si ellos le obedecían; Jesús pasa a otro tema, la entrega y el sacrificio. Una cosa es obedecer y otra cosa es una entrega total. A veces nosotros obedecemos a nuestros padres, a veces obedecemos a nuestras esposas, y a veces obedecemos a Dios. Pero Jesús nos dice, en realidad me importa mucho que tú obedezcas lo que yo te ordeno, pero lo que más me importa es tu amor.

Pedro, ¿me amas? Y la respuesta de Pedro no se hace esperar, por supuesto Señor, y tú lo sabes. Pedro, ¿me amas? Pedro un poco desconcertado vuelve a contestar, tú sabes que te amo. Pedro ¿me amas? A la tercera vez Pedro comprende que el Señor no le está preguntando simplemente sobre un aprecio natural hacia un maestro o amigo, sino de una entrega total de tu cuerpo, alma y espíritu al Señor tu Dios.

Pedro comprende que Jesús tiene que preguntarle tres veces porque hace algunos días él había jurado que nunca se separaría de Jesús, solo para terminar blasfemando e injuriando el precioso nombre delante de los hombres. >Y en su miedo lo había hecho tres veces seguidas, hasta que el gallo cantó y le hizo recordar lo que el Señor le había dicho. Al recordar las palabras de Jesús, Pedro lloró amargamente. Hoy Jesús con sus palabras vuelve a tocar las fibras más íntimas del corazón de Pedro, y después de una inspección de su vida y su corazón Pedro exclama: Señor, Tú sabes TODAS las cosas, tú sabes que te amo.

B. Tu vida estará a mi servicio

Apacienta mis ovejas. Cuída de mi rebaño. Ya no te quiero ver en el mar pescando, sino en el mundo salvando almas. El propósito de tu vida ha cambiado, me acabas de declarar tu amor, yo te declaro tu futuro. Quiero que dediques tu vida a cuidar y alimentar a las ovejas de mi rebaño. Uno de los detalles importanes de este pasaje es el hecho de que el servicio siempre viene después de la entrega. Sólo se puede servir al Señor después de haberle entregado tu vida entera. El no quiere servidores cuyos corazones aún están en el mundo. Un siervo del Señor que aún vive amando las cosas de este mundo es como un pastor de ovejas que todavía desea algún día volver a ser lobo. El Señor quiere asegurarse de tu amor completo e incondicional, y cuando se lo hayas declarado El te mostrará con claridad el camino a seguir.

C. Serás sacrificado en mi nombre

Mi interés en este mensaje es animarte a obedecer y amar al Señor para que él te pueda bendecir y utilizar. Sin embargo, no puedo pasar por alto el hecho de que tu obediencia y entrega total al Señor va a significar un sacrificio muy grande. Hay que pensarlo dos veces antes de ofrecer tu vida entera al Señor, porque cuando el Señor recibe nuestras vidas ya no son más nuestras sino de El. En el caso de Pedro, Juan nos dice que Jesús le advirtió cómo iba a morir, y la tradición nos cuenta que Pedro fue perseguido, encarcelado y, por último, muerto por los enemigos del Señor. Al final de sus días, Pedro fue condenado a morir en una cruz, pero no sintiéndose digno de morir como Jesús, pidió ser crucificado con la cabeza hacia abajo, dando la gloria suprema con su vida y con su muerte al Señor al que tanto amó. >Declara hoy tu amor incondicional al Señor y repíteselo cuántas veces El te pregunte y únete al ejército de valientes que han dedicado su vida para servirle.