Pastor:Oscar ArochaIglesia Bautista de la Gracia, Republica Dominicana
Meditacion. Sept. 10/98
Texto: "Pues aunque andamos en la carne, no militamos segun la carne" (2Co.10:3).
En principio, estas palabras son una defensa a los comentarios negativos o ataques que habian hecho los corintios al apostol Pablo con relacion a su apostolado, pues ellos injustamente interpretaron gentileza, condescendencia y amabilidad de Pablo como un proposito egoista, como una adulacion del apostol par ganarlos u obtener la aprobacion de ellos a su persona; pero aqui se defiende diciendoles que Cristo no necesita de tales metodos, sino que el metodo divino es con armas espirituales.
Que la obra del ministro es una lucha, ellos estan enrolados en una milicia, son militares en un pleito espiritual contra enemigos espirituales y para un proposito espiritual. Y aunque los verdaderos ministros andan en la carne, o viven en el cuerpo, y en los asuntos del diario vivir como los demas seres humanos, ellos no son regidos con los mismos principios bajo lo cual vive la humanidad, cuyo fin es complacer los deseos carnales, sino que por el contrario ellos deben crucificar sus afectos y deseos mundanos. Es cierto que todos ellos tienen malos deseos, porque estos no desaparecen hasta que uno se muera, pero los malos deseos son mortificados, no pasan de ser eso, solo deseos, que en el patron general de sus conductas mueren en el mismo lugar donde nacen, en la naturaleza pecaminosa o el malvado.
Una cosa es el lugar donde uno vive, y otra muy diferente como uno vive en aquel lugar. El alma de los hijos de Dios vive en un barrio inicuo, llamado carne, pero ellos no viven como viven todos los vecinos de aquel pecaminoso barrio.
De manera que el apostol establece aqui la gran diferencia que hay y debe haber en todo ministro, entre andar en la carne y militar segun las reglas de la carne; una cosa es vivir en el mundo, y otra muy diferente es ser del mundo; pero debe establecerse aqui que esto no es solo para los ministros, sino aun para todo Cristiano. Notese el enfasis que hace el apostol al emplear un lenguaje de contraste para expresar la fuerza de sus pensamientos; lo primero es afirmativo: "Andamos en la carne"; pero lo segundo es una fuerte negacion: "No militamos segun la carne" (v3). Es cierto que estamos en una continua batalla, no porque estamos atacando o agrediendo a los demas, sino porque estamos siendo atacados de modo persistente por las fuerzas del mal.
Los hombres del mundo luchan por su honor personal, su gloria y la satisfaccion de sus codicias o el engrandecimiento de sus riquezas; pero nosotros no somos asi, no militamos segun la carne.
Surge la pregunta: ¿Tengo yo en mi vida el poder o tan solo la forma de la piedad? Si alguien posee un billete de cien pesos tiene el poder para comprar, pero si lo que tiene es un copia fotostatica, entonces solo se tiene la forma, no el poder. El asunto no se trata de si se conoce Biblia o no, si se puede desarrollar una discusion acerca del Evangelio, sino que lo basico es si las leyes de la piedad regulan la conducta.
La piedad es tener comunion con Dios, guardar sus ordenanzas, promover la santidad y mortificar los deseos de la carne: "Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder" (1 Co.4:20). Amen.