Pastor:Oscar ArochaIglesia Bautista de la Gracia, Republica Dominicana
Meditación. Agos. 4/98
Texto: "Yo pasaré hoy en medio de todo tu rebaño, poniendo aparte toda oveja pintada o salpicada de diversos colores y todo cordero de color oscuro; y de entre las cabras las salpicadas de diversos colores y las pintadas. Eso será mi salario" (Gén.30:32).
El pasaje delante de nosotros habla de la vida comercial de Jacob. Su empleo y sus transacciones económicas con su suegro Labán.
El servicio de Jacob a Labán fue duro y difícil, y aunque su suegro lo engañó en su primer acuerdo de negocio, aún así Jacob honró con honestidad sus compromisos, porque los buenos hombres no cambiaran aún cuando el juramento luego se vaya en su contra. Pero ya cumplidos los acuerdos y crecidos los niños para emprender el largo viaje, Jacob se presenta a su suegro para comunicarle que ha decidido regresar a la tierra prometida: "Y aconteció que cuando Raquel dio a luz a José, Jacob dijo a Labán: Déjame ir a mi lugar, a mi tierra" (Gen.30:25). Puede verse la confianza del patriarca en Dios por la petición que le hizo a su tío, porque toda su pertenencia presente eran sus mujeres y sus hijos, no obstante esta decidido regresar a Canaán, pues no pidió ningún bien a Labán para el sostén de su familia, sino que todo su pedido fue: "Déjame ir" (v26); esto es, que aquellos que confían en Dios, en Su providencia y Sus promesas, aún cuando tengan grandes familias y bajos ingresos, pueden esperar en paz, pues quien les dio la boca, también les dará la comida.
Labán no quería que se fuese, no tanto por amor a sus hijas o por sus nietos o por él, sino por puro egoísmo, por conveniencia personal, y le dijo: "Halle yo gracia en tus ojos, y quédate; he experimentado que Jehová me ha bendecido por tu causa" (v27); aún los hombres rudos y egoístas saben hablar buenas palabras cuando conviene a sus intereses materialista. Es con esta clase de hombre que Jacob tendrá ahora que negociar, una dura tarea le esperaba.
La mansedumbre o humildad exhibida por los Creyentes, por lo general, llama a un segundo golpe de sus enemigos. Jacob era hombre honesto, quieto y manso, por tanto Labán vio como algo fácil y sin riesgo entrar de nuevo en negocios con él para volver a maltratarlo, por eso se sintió tan tranquilo de pedirle que se pusiera su sueldo: "Señálame tu salario" (v28), pero esto lo hizo Labán no porque fuera generoso con su servidor, sino porque sabia que las aspiraciones materiales de Jacob eran modestas. Estaba tomando ventaja astuta y malsana de la sencillez y buen carácter de Jacob. Fue un aprovechador.
Al ver la insistencia de su suegro el patriarca le hace una propuesta. El sobrino le hace saber al tío que este estaba atado a darle buen salario por sencilla gratitud, ya que no solo había sido un siervo fiel, sino también exitoso en las labores que le había rendido.
Aún todo ese justo argumento, Jacob es modesto en sus contesta, pues no paso factura por el éxito pasado, sino por la obra que habría de ser de aquí en adelante: "No me des nada; si hicieres por mi esto, volveré apacentar tus ovejas" (v31-32). Se acogió a la providencia de Dios para la determinación del salario.
Por lo general, las ovejas del oriente son casi totalmente blancas, y las cabras negras; las de varios colores son muy escasas. Jacob propuso que se retiraran del rebaño las moteadas, y las que de ahora en adelante fueran multicolores sería su salario. La propuesta fue muy justa y Labán aceptó el negocio, porque pensó que si no había ninguna moteada en el rebaño, el salario de Jacob siempre seria poco, pues las posibilidades de salir moteadas eran muy bajas. Le pareció que podía tener el buen servicio del patriarca a un reducido costo o que este iba a trabajar casi de gratis. Jacob como un hombre de fe, dejo en manos de Dios el monto de su sueldo.
La sabiduría del hijo de Isaac es notada en la manera en que hizo el trato comercial, pues el conocía muy bien el corazón de su suegro, y sabia que de otra manera habría sido muy difícil hacer negocio con él, y al final saldría perjudicado.
La manera más sabia de tratar con nuestros semejantes siempre será tomando el camino de la confianza en Dios. Amen.