Pastor:Oscar ArochaIglesia Bautista de la Gracia, Republica Dominicana

Meditacion Julio 13/98

Texto: "Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Jn.6:55)

La comida y la bebida son elementos indispensables para el soporte de la vida corporal, al punto que no podríamos vivir en este mundo sin el alimento solido y el ingerir liquido.

Los seres humanos fueron creados con dos esencias, la parte espiritual o el alma, y la material o el cuerpo físico, y el cuerpo es el instrumento o medio que emplea el alma para manifestarse en este mundo, de modo que quién se manifiesta es el alma, la esencia de nuestro ser, siendo el cuerpo el instrumento de esa manifestación. Decimos que el espíritu humano es la esencia del ser, porque cuando el alma abandona el cuerpo, el cuerpo primero se convierte en gusanos y luego en polvo.

En general todos los cuerpos humanos tienen igual destino, pasar por la puerta de la muerte, entrar en descomposición y volver a ser polvo o al lugar de donde los cuerpos fueron originalmente tomados. Pero no todas las almas van al mismo lugar, pues unas, las de los incrédulos, van a las llamas del infierno, y otras, la de los Creyentes, van al reposo eterno, mire como las Escrituras lo enseñan: "Cierto hombre era rico, se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Y cierto pobre, llamado Lázaro, estaba echado a su puerta, lleno de llagas, y deseaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico. Aún los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades, estando en tormentos, alzó sus ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno"(Luc.16:19-23); de modo, pues, que nuestras almas están más necesitadas del perdón y vida que da Cristo, que el cuerpo de la comida material; en otras palabras, que es preferible tener cuerpos débiles y hambrientos, a que nuestras almas sean condenadas y perdidas para siempre.

La excelencia de la obra del Señor Jesús en el Calvario es dicha así: "Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante" (Ef.5:2); de modo, que esta carne y esta sangre fue ofrecida a Dios como el gran sacrificio por nuestros pecados y por el precio de nuestra paz, por eso es de inestimable valor para los creyentes; como dice también Juan el Bautista: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn.1:29) .

Como un teólogo ha dicho: "Que la naturaleza humana de Cristo fue el sacrificio y su naturaleza divina fue el altar sobre el cual fue ofrecido", como escribe el autor de Hebreos: "Mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios" (Heb.9:14); esto es, que esta carne y sangre de Cristo, es el gran canal o medio que trae todas las bendiciones y misericordias a las almas y a los cuerpos de los creyentes.

Por Su obra somos diferentes delante de Dios, porque ahora el Señor nos ve con cara de agrado o complacencia. Cuán dulce y placentero es al paladar de la fe este rico pan del cielo, y podemos cantar junto al himnologo: "Pan del cielo, pan del cielo a tu errante pueblo da".

Nada ni nadie podrá ser más dulce a una conciencia quemándose por la culpa del pecado, que este pan del cielo que trae perdón de pecado y paz con Dios. Como dice el Señor: "Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Jn.6:55). El alimento más excelente para los creyentes del Nuevo Testamento. Amen.