Estoy disuelta
vahída en
llamas…
Pero
voy a
tí...
Me disperso en tu mirada
y no me encuentro.
Soy ribera
de mares
no queridos.
Me anclo en tus muelles
para encontrar
el lucero perdido
de mis días,
la ternura descolorida
de otras eras
y el amor no anunciado
de otras tardes. Mas,
soy torbellino de vida,
galopando tras deslucidos cristales;
resolviendo pesadamente
mis escombros
...para sorprenderme
en medio de la noche...
otra vez, s o l a.
Del Libro "LUNA ABIERTA" Chiclayo-1992
GIULIANNA AGUIRRE
ZEVALLOS.-Chiclayo, 1969.
Pertenece al Taller de
Creación Literaria "UMBRAL".
Obra
publicada: "Luna Abierta".
Nocturno Heroico
La música sinfónica y tónica
del mar, y los poemas hambrientos
de los vientos aduermen a esa tierra
que se
encierra, sin velo, con el cielo.
El silencio de armiño, como niño
de aquellas noches blondas y redondas,
sonríe con el fuego y con el ruego
que le
obsequian las cosas y las sombras.
¡Las sombras son los hombres sin sus nombres!
¡Los hombres son los sones de canciones
de guerra que en la tierra milenaria
revienta como flores de tambores!
Un incendio en el templo da el ejemplo...
¡Y entre gritos de ritos y entre humos,
hacen las víctimas, salvajes viajes
a la luna de Junio en plenilunio!
Cuando contemplo el cielo
Evoco
tu frente y de tu ser el misterio.
Cuando aspiro el perfume de azules rosas
siento que comulgo su alma.
A veces desde mundos desconocidos
recojo su dulcísimo acento
musitando:
"bien mío, estoy aquí".
Y, ¿sabes? Suena a canción de cuna
entre celajes de amores.
Pero, ¿por qué no te perciben mis
ojos?…
Te fundes en la tibieza de un suspiro,
te ausentas en las brisas de un recuerdo.
Tu cristalina maternidad
se
perenniza en el pródigo seno de la tierra,
tu
llanto se cuaja hecho nube huidiza
para cubrirme
luego
tornada lluvia de buen tiempo.
Y te haces eterna en la caricia del mar
y en la profundidad de su insondable grito.
Te cristalizas en las tibias sábanas de mil
auroras
y en el verde encanto de tardes primaveras.
Y te vuelves nardo, rosa,
eres
canto, eres perla,
agua, viento, sangre, fuego,
seda, hoja, paz, sonrisa.
Madre, madre, madre,
bendito
pincel que plasmas a través del tiempo
amor, en
el viejo lienzo de la vida.
Del Libro "Poemario" Aravicus-II. 1988
Fanny Amaya de Castro
Tengo los ojos heridos,
de
miradas, de gestos.
Silencioso y profundo río,
tú que me hablaste de tu playa
que me enseñaste tu canto,
que tomaste la
humedad de mi llanto
¡Déjame que ancle en
tu horizonte!
Por ti, cuelgo mis ojos en tu orilla,
y dejo que mi llanto transparente
se asfixie con su propia bruma.
Mi corazón
esta quieto…
¡Te amo tanto río!
Vengo aquí a dormir la tierra amiga
donde una vez fui pez de aletas blancas.
Olor de verdes chilcos delectantes
en humorosas
vetas carbonadas.
Copas de viejos troncos arrimados
a las piedras calizas del sendero.
Aquí los vengo a ver.
Que placer es amar la tierra nuestra
llevando hornos altos a la vida
donde quemar
palabras nunca dichas.
Y dejar sobre el Monte
venusino
parvadas de relámpagos y trinos
bajo pátinas verdes del recuerdo.
Mi ensenada montar en potro fino.
Mi alameda mirar desde una Escuela.
El corral de
mis primas y sus vacas.
El amplio lodazal de arroz, sin
duda,
O más allá la sal de un mar
ladino.
De sauces que bordean el camino
de mi río San Juan.
Mi vida y no mis sueños se soltaron
de enjaezado monte campesino
donde
Abuelo podó mi verso un día
con su risa de
roble y su mirada
que alcanzaba hasta Usquil su
Madrugada
regresando a Paiján.
Allí un balcón tan largo me esperaba
un celaje de tierra enamorada
que
no puedo dejar.
Estrella Arroyo de Guedes
.- Paiján - Trujillo, 1914-1990.
Me vestiré de sedas y nardos
cuando llegues en las noches
y
zahorí, encenderé en mis ojos
para ti
el derrotero.
Llegarás
entonces incendiando
rescoldos escondidos,
templado en el vapor de la
tibieza
del fruto prohibido.
LIGIA BALAREZO MESONES
.- Chimbote- Ancash, 1946
¡Abrázame! ¡Estrújame!
¡Desármame!
Conviértete en tigre que
al acecho
ataca con furia, con deseo
y sacia tu ansiedad aquí en mi pecho.
Desata la tormenta que te oprime,
entrégame
tus ansias y pesares
y calma tu dolor en mi ternura.
Quiero acunar tus sueños en mi seno,
enredar en mis cabellos tu sonrisa.
¡Verte
feliz!
Reír, soñar, gozar contigo.
Y al andar, cogidos de la mano,
tararear la misma melodía.
Señor, yo quisiera ser limpia
de cuerpo y
alma,
como la prístina azucena;
que ni el cierzo la aja,
ni el polvo la
contamina.
Quisiera ser fuerte y resistente;
como la palmera del
desierto,
que ni la tormenta le hace
doblegar su copa.
Quisiera ser
bondadosa,
y buena y bienhechora,
como el arroyo, que amoroso
riega la
campiña.
Quisiera ser sencilla y transparente,
sin asomos de
hipocresía,
como las traslúcidas
gotas de rocío.
En
fin.- Yo quisiera
ser franca y generosa
como el arborecente plátano
que generoso
y en todo tiempo
nos brinda
sus
óptimos frutos.
VICENTA BAZAN DE
ARAUJO.- Celendín - Cajamarca, 1880-1955.
Cuentos y Poesías inéditas.
|
Amaneció llorando el
tiempo | |
|
HIJO Sé cuánto te hieren |
HIJO El jardín lleno de humedad, |
|
HIJO Quiero regalarte días claros, |
HIJO Me despojo hoy |
Surgiste en mi vida,
prohibido,
casi etéreo,
pero sin embargo
tan cercano...
¡De pronto!, te sentí vitalmente
impredecible
en cada átomo
del aire que respiro,
en cada madrugada,
en cada trazo de mis letras,
en cada
lágrima.
¡Quise alcanzarme!
E
imaginé tus lloros, tu soledad,
tu
niñez,
tu desesperanza,
tu bullicio...
Pero cada vez te adivinaba más lejano.
Mis manos entonces...
recorrieron a tientas tu mundo.
Tropezaron con
piedras y espinas
hasta hacerse daño.
Las curé, pero ellas volvieron
una y otra vez,
y te buscaron
palparon el mar,
la sangre,
el fuego,
la montaña, y no te
hallaron...
Y al final de tanto andar solitario
volvieron a mí
torvas,
tristes y vacías.
Sus miraditas primeras
y sus
primeros suspiros,
igual sus llantos tan míos
que calmaba con mis besos,
en mi
mente los conservo
dentro de mi corazón.
Delicados, cariñosos,
suaves como el algodón
abrigáronse
en mis brazos
igual que los blancos lirios
que se apoyan en sus hojas
para
calentarse al sol.
Ellos comparten mi vida
son mis
mejores amigos,
son mis pequeños amores
que pronto los vi crecer,
tres
claveles y una rosa
que alegran mi corazón.
ANA BERNAL LA
TORRE.- Chota - Cajamarca, 1935.
Obra publicada
"Entre nostalgias y flores".
Hay manos que acarician dulcemente
que golpean con dureza,
que señalan con
desprecio,
que te ayudan sin razón.
Manos grandes que sostienes con temor
lo más frágil de la tierra.
Manos
pequeñas que creyéndolas muy suaves
ocasionan heridas que no cierran fácilmente.
Manos toscas con dureza en los dedos
que cuando
acarician,
el ser amado, envuelto en las nubes se
siente.
Manos que se agitan para implorar clemencia,
para obtener limosna,
que se abren
y extienden para brindar apoyo
sin esperar pedido.
Manos que se adelantan para impedir el paso,
diciendo "quédate donde estás"
evitando así por miedo, que alguien se acerque a
ellos
pensando quizá que al hacerlo
hurgarán su corazón.
Manos que claman al cielo:
"Dios no te
olvides de mi". Manos que con desesperación
se estruja con nerviosismo,
mesándose los
cabellos
sin encontrar respuesta a lo que creen que
son.
Manos que al señalar con el índice
extendido,
muchas veces no saben el dolor que hacen
sentir,
Manos que tienen que decir adiós
cuando el que amamos nos deja,
que
despiden a alguien, con alegría, con pena,
que
llaman para dar algo,
que te buscan ahora, para
engañarte después.
Que señalan a lo
lejos
al infinito, al cielo,
ese
punto, esa estrella,
que una vez fue testigo de nuestro
gran amor.
Manos, manos todas ellas diferentes:
manos expresivas unas, otras que nada dicen,
manos delicadas que insultan,
manos
duras que enternecen,
manos de niño que
acarician,
manos de viejo, torpes, pero suaves,
manos rígidas, frías de difunto,
manos rígidas y frías del que aun aquí
está.
Escribo para ti mujer
mujer de
mil ropajes
mujer joven o vieja
de esta dura tierra.
Escribo para ti
sin saber como
eres
hoy hablo para decirte
que
no aceptes la suerte
!Escúchame ahora!
Obrera
de los tiempos
si hoy borras tu sonrisa
a cambio de tristeza
no hay vida mala o buena
ni infiernos tan temidos
ni
paraísos soñados
la vida es una sola,
la vida se conjuga
de dolor y
alegría
la vida mujer hay que amasarla,
¡con nuestras propias manos!
¡Basta ya mujer!
De
dolores callados
despierta, anda y ve
que hay tiempos no sembrados.
¡Basta ya
mujer!
Arroja tu alma esclava
de
los prejuicios vanos.
¡Mira el sol como brilla
no te tapes los ojos
al resplandor
del día!
Mujer del siglo XX
que luchas,
trabajas y amas,
descubre y aprovecha los caminos
recoge las mañanas,
entierra
los silencios
desátate las manos,
rompe ya esas cadenas
que la vida es empinada
y a fuerza de subirla
se hace mejor
vida.
Sale la chola María,
del
rancho de estera y barro,
con su alforjita de
ensueños,
hacia caminos hollados.
El sol descansa en su pelo,
la sigue el viento
silbando,
zonas, chirocas, chilalos
la envuelven en bellos cantos.
Va la cholita
María
hundiendo sus pies descalzos
en esa tierra que ella ama
de tanto
besarla, andando.
Su rostro broncíneo lleva
hermosos rasgos pasados
de una
raza, que es escudo
en su nobleza de barro.
No tiene vasijas de oro,
un humilde
chirihuaco
es la carga más preciosa
para saciar su cansancio.
El
algarrobo a su paso,
su copa abanica ufano,
el río tan solo al verla
su
imagen va retratando.
Va la cholita María,
vestida de negro y blanco
con sus
trenzas de nocturnos
y sus dos pabilos pardos.
¡Pobre Cholita María!
No sabe el abecedario
pero lee de corrido
el lenguaje de los campos.
De noche
cuenta luceros
con números inventados,
va entretejiendo quimeras,
cada
día, en su descanso.
Tiene tan solo quince años
y es recia para el trabajo
y tan tierna cuando
apaña
las motitas de oro blanco.
Cual vainita de algarroba,
diamela de alba
fragancia,
guayaba fresca y madura,
tamarindito en su mata,
es la cholita
María,
sinfonía de esperanza,
bucólica maravilla
de las
rosadas mañanas.
Matecitos con sus platos
sus cucharas son de palo,
por cama
tiene un petate
y un sol de encaje es su rancho.
Pero ¡qué importa! Si ella
es tan libre como un canto
tan dichosa cuando
bebe
la belleza del ocaso.
Si es
dueña de amaneceres
de los verdores de pasto,
del sol, del río y la arena
de las flores y los astros.
Si luceritos y
estrellas
se deslizan en sus manos
y la luna la visita
toda vestida de blanco
y la chocita de estera
con duro
piso de barro
es el cofre que atesora
sus campesinos encantos.
Va la cholita
María,
hundiendo sus pies descalzos
en la tierra que acaricia
la huella
azul de su paso.
ELVIRA CASTRO DE
QUIROZ.- Piura, 1932
Cultiva la poesía
Amorosa y Costumbrista. Además es compositora, toca la guitarra y
canta.
Obra Poética: "Floresta de
Cristal", "Puñaditas de Estrellas".
A Tere pensando en Virgilio
Divagando por recónditos
lugares de la mansión querida,
aún
palpitan tus amores,
tu talento, tu ternura.
Los libros que cobraron vida
en
tus manos generosas y tibias
parece que no dejan de
latir
y dialogan tu partida....
Las pinturas que adornan
las
paredes, reviven
al escuchar tu nombre
en mis labios temblorosos.
Te veo entre las rosas
y tu
imagen se refleja
en los azulejos de la
pequeña
pileta bañada de romance.
La chimenea que abrigó
nuestras esperanzas
nuestros sueños,
nuestra vida,
ahora duerme junto a ti...
¿Qué será de mí?
Me pregunto cada día,
cada
noche...
¿Qué será de
mí..?
Mis pasos...terminan
en la
biblioteca
donde se iluminan las respuestas
no estoy sola.. yo soy vida.. soy amor.
La noche en que nació Gaviota
fue tan noche
y tan de pascua- 24 de Diciembre
como el Niño Jesús.
Gaviota nació en una casa humilde
cerca del
mar.
En una casita donde no había juguetes,
y no se conocía la alegría.
Gaviota nació para crear la felicidad
que
ella no tuvo,
para dársela a su pueblo y al
mundo.
Qué alboroto causó una tierna y
huérfana gaviota
en algunas almas que hoy con sus
lágrimas
ella perdona con su ternura de
terciopelo.
No sabían que había nacido.
Con ella nació un hito de romanticismo.
No hubiera querido que naciera gaviota.
Qué alboroto causó su nacimiento.
Era la heredera de un imperio.
Ellos no
sabían que ella nació
con su propia
herencia.
Con la herencia que Dios le diera al nacer:
su pluma.
Una noche de pascua
nació una gaviota
que tuvo por herencia ser
poeta.
Amiga de su pueblo,
a
quienes no quisieron que naciera
hoy les regala amor
besos-perdón y caricias
como
las tierras de "La sexta"
que han vuelto a
nacer
con el nacimiento de gaviota.
Silba la tarde
pequeña
sombra
que mueve las
hojas.
¿Es música oscura
alas de viento?
Un lucerito tiembla
tocando su
flauta.
¿Qué estrella diminuta
se perdió entre las ramas?
Bajo la sombra
de un
níspero
luz de primavera.
¿Quién alegra de colores
y de
violines en otoño?
Hacia el silencio
de la noche
el rumor y el polvo.
¿Vendrás mañana Colibrí
Colibrí
claro de
alegría?
Le pregunto a la luna
¿Es posible que un día
este fuego sagrado,
que en mis venas ardientes
siento yo palpitar
por influjo
divino
de su luz misteriosa,
se
convierta en torrentes
de alegría y de gozo?
O de otro ser que a mi lado
compartiendo mi vida
alegrías y penas
vibre y sufra conmigo
y convierta
en dulzura
y alegrías serenas,
estas ansias y angustias,
impaciencia y dolor?
Y si un día de gloria
como fruto sagrado,
como premio divino,
al mandato de amor,
tenga yo entre
mis brazos
maternales y tiernos
un trocito de carne,
pedacito de cielo,
que así traiga a mi vida
plenitud y esplendor?
Yo bien sé que es difícil,
que mi alma de artista,
soñadora y
sensible
ha encontrado a su paso
egoísmo, deseos, no amor.
Más la luna esta noche
de
cantares y playas,
de sentir y de mar,
me ha devuelto mis sueños
y me ha dicho que
espere....
Que muy pronto será....
Yo, pequeña y traviesa, de mirada esperanza,
flor de mil primaveras, muy candorosa y pura;
encendida de amor como sol de alborada,
bañada de luceros, dulce como una fruta.
En mis días de aurora, el lucero encendido
con sutiles encantos que me dio la natura;
en mis ojos el verde, en mis labios suspiró,
en mis brazos goteando el dulce de la uva.
Yo anclé mi barco en puerto poesía,
allí entre guirnaldas tejí todos mis
versos;
llenos de burbujitas de lámpara
encendida
que alumbran cual estrellas, aprisionados
besos.
Cuando ya han pasado todas mis primaveras
cuando ya mi verano va calmando su sol;
espero del otoño las flores de sorpresa
que
guarda entre sus venas mi amante corazón.
Mis manos han mecido el cuerpo de mis hijos,
sembraron muchos árboles que han dado fruto ya
y tuve a mi lado más de quinientos niños
y todos han probado mi corazón de pan.
Mis niños he tenido,
he
sembrado mil árboles,
mis libros he escrito,
todo lo he hecho ya;
me siento
realizada
en todo lo vivido,
está mi alegría
puesta en el
más Allá.
Mañanita, mañanita
mañanita de cartón,
eres fresca y
olorosa,
eres pura y sonrosada,
cual la fuente clara.
Ayer al campo salí
a jugar de madrugada.
Y eres tierna
y amorosa
como ninguna mañana.
Que hasta el mismo corazón
a jugar se
penetrara.
Corazón acaramelado
que de amor se derramara.
¡Oh, qué
gusto sería
dialogar cada mañana!
Dime, la mañana tierna,
dime, la tierna mañana,
a qué sabe
la ilusión
de una tranquila niña,
de una niña buena.
Idioma
puro es su sonrisa,
espejo sus pupilas claras,
cielo su dulce mirada,
brisa
otoñal su aliento
y su amor fresca
mañana..
Dos níveos conejillos
da allí en su corazón
Allí donde es su alma,
con el hociquillo limpio
dulce amor se
prestaban.
Por aquel sendero angosto
va la siempre condolida
va la niña
buena:
cascada de oro su cabello,
su plateada frente levantada,
y en sus bailarines
ojos
todo su amor su contento.
Al ver llegar a la bella,
de arriba en el
cielo,
melodian ángeles tranquilos.
Embriagado por el contento
latidos
el corazón le daba.
¡Oh, qué bueno
sería así
disfrutar de la dulce
mañana!
¡Que otra alegría no
habrá
tener siempre en el alma
de una niña buena el ejemplo!
Al oír
este decir
voló el ave a otra rama,
y el habla de fuente
siempre clara
y transparente,
murmuró de esta manera:
¡Ay, de aquél que no oyera!
¡Ay, de aquél que burlara!
Hubiera querido ser ave
tal vez
una gaviota,
volar
formar
siempre una bandada
zambullirme en el mar
y quizás retozar
como el
tiempo
en la tierra.
Hubiera querido poder estar
aquí, allá y acá
incesantemente
buscando amor.
No águila
no cisne
ni lechuza
ni cóndor
definitivamente ave
que vuele
tan alto
que pueda ver la tierra
y desde el infinito
poder verla tan
bella,
conocer la tierra,
y amar
serenamente.
Olvidar un minuto a los tiranos
que quieren reemplazar el tiempo
que hace cenizas
de los hombres
para que mis músculos no sigan
contraídos.
Amar
a los que tienen nada
y resisten
a los combatientes
limpios
a los que no vivieron
sino que sufrieron.
Pero en esta paranoia de ave
terminé simplemente de gallina
pone uno,
pone dos, pone seis
y amé a mis polluelos
con un dolor agudo
pensando en
qué aves serían
sin pájaros
nocturnos, o pájaros fruteros
aves sin nido o
pájaros carpinteros
o simplemente jilgueros.
Lo que no quisiera jamás
es que sean avestruces
ni que se vistan de
pingüinos
Y ¡Dios mío!; por si
acaso,
que no anden con alcatraces.
El hombre que vengo amando
resultó ser el ave Fénix
vive tan
intensamente
que va muriendo a propósito
alimentando a su gente
de
Libertad.
Pero, ¿Existe libertad?
En mi condición de ave doméstica
no
puedo gozar de libertad
y ahí donde trabaje
de libertad condicional.
Tengo pues las alas plegadas
sujetas por una extraña propia voluntad.
Brotes de vida
alegran mi casa:
son niños que juegan
son niños que cantan;
son niños que
ríen
y a veces me inquietan;
pero sobre todo,
son brotes de amor.
Los miro extasiada,
los miro
serena,
me brindan sonrisas
me
arroban el alma:
completan el cuadro
del jardín y aves;
y son
castañuelas
que alegran mi edén.
En mi casa hay vida,
bullicio
de niños,
voces de esperanza,
risas cantarinas
hay sabor a vida,
matices de amor...
Por algo dios dijo:
"Dejad
que los niños
se acerquen a mí".
¡Viento de la tarde!
Tu
voz que atraviesa
distancias y tiempo,
yo quiero escucharla
cantarina y suave
aquí entre las hojas,
sobre
el pasto verde
y entre los murmullos
del agua azulina.
¡Viento de la tarde!
Llévame en tus alas
muy alto, muy alto
allá donde tu aire
es poema
y canto.
¡Viento de la tarde!
Tan
fuerte y tan grande,
tu tienes mil ojos
para ver lo que hago
y mis manos
que aprietan
sin que las vea.
¡Tienes muchas cosas!
Mas no tienes alma
como yo la tengo.
No quiero sentir tu cuerpo frío
no quiero tocar tu mano yerta
quiero que tus
labios me sonrían
y tener tu calor aunque
estés muerta.
¡MADRE!
No quiero saber que estás ahí
como flor arrancada en plena vida
no quiero recordarte así
inmóvil,
pálida y dormida.
¡MADRE!
Quiero más vida para darte
y llenar tu existencia con mi aliento
mi sangre
gota a gota regalarte
y perdurar junto a ti a
través del tiempo.
¡Y VIVIRAS!
A la muerte no hay fuerza que se oponga
pero está asegurada tu "victoria"
en tus hijos la victoria se prolonga
porque somos
tu carne y tu memoria.
De donde vino la noche vino la mariposa
aleteando ciega contra el frío cristal, y la
llamada telefónica anunció la
embolia de la patada inerte
yaciendo desnudo
tú en una cama de hospital limeño,
amarrado a tu pulmón agujereado como pájaro herido,
escuchando el zumbido de la oquedad intensiva y
el coágulo tomando aposento en el medio del canto.
Despacio y aleteando levemente se ha quedado el
tiempo afuera de la reja, sin el correspondiente
carné de identidad, romo como un azadón que
ha
caído mucho, como un pelícano que se
sorprende en
la vereda, oscilando entre norte y sur,
escalonando el tiempo, trajinando la espuela de gallo
doblado, trajinando tan adentro, en el lugar
salobre y casi perdido náufrago interior.
Hay una distancia enorme entre la reja y los
ojos descendidos, un humo interminable, una
sangre perenne y enclaustrada en el surco. Hay
algo que se llama fuerza cuya ausencia envuelve
esquivamente.
No, es número equivocado del páramo
ecuatorial a
las estrellas, en la agarradura del
momento.
La sangre jugándole truquitos
verdiazules al
muchachón de origen Italiano que
se mete las manos
al bolsillo detenido bajo el umbral
materno.
Por un lado el mal ubicado escalafón,
por otro
el productor de las hortensias. Arriba, una
luna
escoltando los días de doblez.
Alcanzando el orégano y la ipecacuana,
el cárdamo, la alhucema y la sal,
el minúsculo hueso del cuy girando contra-reloj en
el vasito y el alcohol que no se termina de evaporar.
Atragantada la desmesurada gota
salobre y rota como un sinsabor.
Roída la
tijera y la silla coja deslumbrada y
el cántaro
de dibujo escalonado que
no se termina de llenar.
Agua para la boca y para los cascos y para la vigilancia
de
las horas, Ojos para el pelo ensortijado y dominado
por
la brillantina. Fijos los minutos de la hora del
duro
transparente movimiento.
Mira tu mano a milímetro digital a pocos, a
abrumación,
a guitarra modesta, a nota de
yaraví, a dulce diapasón
memorizado a
tientas en el callo cebollino.
Estás allí con esa tu letanía del
no te preocupes
mechijuán y deja de pelar las
papas que las cosas no
salen como una las quiere,
cállate y mira lo tornasol del
viento en la
ventana o en el talón donde ya una pequeña
herida te detiene y te sirve de obstáculo.
Todos nos hemos equivocado al ver la fronda mansichera,
los gusanos peludos y grotescos que se volvían
fragantes mariposas, y el medio azul agreste fue
pesadilla si uno pasaba de noche desprovisto del
bullangerío y las linternas.
Pasos en el pasillo inerme y cáustico
zigzagueando
en el acero inoxidable. Hormigueo de
guardia en la etiqueta,
una pizca de hora de visita,
una gota bajando por la mesa y
el sigilo de lo que se
ve.
La espera siempre es larga en el cerebro, carreteras
andinas
con sus surcos de nieve, y, en esta morada, un
cóndor
dormitando el pánico sideral.
Cambia de posición para que el colchón
plástico
deje pasar el aire bajo tierra. El
surco es removido para
que cultive con más
fuerza. Los viajes no acaban
en el río. Hay un
dulce recuerdo que no cesa de parpadear
memorias y
visitas.
La hoja se acrecienta, se abre y se respira un viaje
hasta
las vigas. Sin el momento exacto la llamada
se redondea
estrecha con un parto en comienzo. A
tientas, ahorcajadas,
con cintas y con gallos, pidiendo
una cesárea por teléfono.
Afuera, la
mariposa desde afuera, a duras penas retratada, en
el
cristal ardiente, de tanta transparencia atravesado.
El canto es un lamento vigilante
de pie plantado en el costado viejo.
Un aleteo de
zumbido próximo, un esperar
lo fuerte de lo
débil, y el momento de sol para ese espacio
que
se abarca y se estrecha en su latir.
MERCEDES
IBAÑEZ ROSAZZA.- Trujillo, 1942
Profesora
de Educación Especial. Ha publicado "Explicación de los
días" (1969) "Pequeñas Voces" (1963), "Mi casa
con cuatro leños"(1972). La traducción de "Vida y
Contactos" de Ezra Pound (1973), "Puentes de la Palabra" (1976) y
"De donde vino la noche" (1990). Reside en Estados Unidos.
Callecitas de mi pueblo,
soleadas, estrechas.
Callecitas de mis juegos
y
afanes de infancia.
Cuántas veces transité
tus angostas veredas.
Cuántas veces hollé
tu calzada empedrada.
Callecitas de mi pueblo;
¿Se oye aún en tus sendas
el
bullicio dominguero,
y el rumor de pregones
de tus ferias trashumantes?
¿Se oye aún en tus plazas,
el rin tin tin alegre
y musical del
organillo?
De aquel viejo organillo
y
gracioso monito?
Callecitas de mi pueblo,
¿Se oye aún la risa de los niños?
¿La aflautada voz
del muñeco
ventrílocuo,
de enorme sonrisa de yeso
y ojos tan vivos?
¿Se escucha aún tu cháchara
muñeco parlanchín?
Flaco cuerpo de trapo
indumentaria Chavalier
Cuánto amé tus ferias
y sus personajes.
Los hubo tan raros
como el de
las sierpes,
de pecho tatuado;
con potes y yerbas
de extraños efectos.
Y los campesinos
que en esos
domingos
llegaban al pueblo...
Rostros sudorosos,
morenos y
sanos.
Mujeres en trajes
de
vivos colores,
brillantes y claros.
Satines, tafetas
y algunos brocados.
Gruesas
trenzas negras
y grandes peinetas
de muchos colores.
Mientras los varones
con trajes
discretos,
portaban alforjas
que
siempre iban llenas.
Y sus pequeñuelos
que
todo miraban
con rostros de asombro...
Chiquitos, graciosos,
de rostros morenos
y ojos tan negros,
como
muñequitos,
de pan de centeno.
En época colonial,
Huanchaco puerto mayor
lució con gran esplendor
su gran auge comercial.
El Trujillo
señorial
paseó allí, con gran prestancia,
la
altivez y la arrogancia
de sus damas y señores.
Es puerto de
pescadores
por tradición, de importancia.
Ya sin el auge de otrora
los ranchos se van
perdiendo
y el muelle se va muriendo
esperando nueva aurora.
Los
caballos de totora
doblegados en la arena,
ven angustiados de pena
la tradición que agoniza;
pero aún queda en la brisa
la dulce Paz nazarena.
Es Huanchaco poesía,
La Virgen desde su
encierro
allá en la Iglesia del cerro,
irradia Paz y
armonía.
En la noche o en el día
todo allí tiene su
encanto;
el río... huella de llanto,
el cielo...la luna...el
mar...
No debemos olvidar
que allí reposa un gran santo.
Un santo muy venerado;
fue un varón noble y
sencillo
que iba desde Trujillo
a Huanchaco arrodillado.
Por todos
fue muy amado;
a la Virgen adoraba;
la veía cuando oraba,
y
según la tradición,
era tal su devoción
que con
ella conversaba.
Como Dean de Catedral
Antonio de Saavedra fue
un
holocausto de fe
en la ciudad señorial.
Su recuerdo es inmortal:
en Huanchaco se enterró
tal como él lo pidió.
A
casas de caridad
y pobres de la ciudad
su gran fortuna dejó.
Nueva gente llegará
a este Puerto del
Chimú,
joya de nuestro Perú
mas, su alma no
cambiará.
Huanchaco siempre tendrá
romántico
atardecer,
que a todos nos hace ver
un mundo de maravilla
cuando el
sol, sobre el mar brilla
y el cielo parece arder.
Tengo un representante en cada esquina
que le
invierte sonidos a la noche,
un mercader de cópula y sonrisa
para
los compradores
de esta canción rebelde y peregrina.
Mercado paralelo, a la variante
que el horizonte
ofrece por gastar
colores y desmayos a la tarde,
tengo un representante
que sabe lo que podemos trocar.
Un paraíso azul a la gaviota,
una noche
invidente al resplandor,
las alas de tu sueño, mariposa,
callejas, abalorios, cualquier cosa
que brille con ribetes de
ilusión.
Una cometa con todos los vientos,
un reloj en la
cima del poder,
una sábana blanca, un esqueleto
honrado y
necesario, un cementerio
con antorchas y cintas de oropel.
Tengo un joyero para la desdicha,
una verde
esperanza por cumplir,
la carreta que en huellas se termina,
las horas
que desgastan con la vida
mi cruz, mi espalda, todo mi perfil.
Quién me quiere comprar el equipaje
que al
cinto en bandolera traigo yo,
una memoria para los audaces,
el permiso
para ser un don nadie
y un falsete que cante el nuevo amor.
Quién se quiere llevar para la oferta
un
manojo de sueños y un zaguán,
una plaza en domingo y su
retreta,
para vestir la comparsa de fiesta
y ensayar a reír una
vez más.
Tengo un representante de barata
que en las noches
ofrece su dolor
y con pocas monedas va y desgasta
la emoción de
sentirse un buen pirata
al abordaje de otro corazón.
El amor es como agua de un río
que no se
cansa de correr.
Encuentra desvíos, grandes barreras en
su camino
que son el odio y el egoísmo.
Si un día el agua se quiere
secar;
la última gota al mar llegará
y entonces el sol nos
hará resucitar
y será otra vez al amor
como el río
en su nuevo despertar.
FLOR LLANOS
TAFUR.- Chota- Cajamarca-
Escribe
Poesía.
A VIRGILIO el Maestro
Viniste de lejos, desde antes
mano extendida
brazos abiertos,
sueños y realidades.
Luz que orienta la nave
en el despertar del
mañana
vida impregnada de fuerza
de lucha y constancia.
Página que se detiene y libro abierto
furtiva
y misteriosa es la muerte,
envuelve a la tarde
subyuga al árbol,
al río, al viento.
Seno amoroso de la tierra
presencia celestial
espíritu y materia
encuentro y distancia nada más.
Virtud, bondad, talento,
pregunto...dónde
estás?
hoy más que nunca conmigo vas
el telón cae,
el actor ESTA.
Cuando el túnel oscuro de la muerte me invite
a recorrer su reino de insensibilidad
caerá su aire helado,
buscaré quién me abrigue
y veré con tristeza que estoy
en la orfandad.
Llamaré a mis amigos, no los verán mis
ojos
y al encontrarme sola, me sentaré a llorar
echaré,
sí, de menos la risa de mis hijos
los besos los besos de mi madre, el
calor de mi hogar.
Cansada y abatida, veré que mi alma siente
que en cauteloso paso alguien se acerca ya
portando mutaciones en
incrédula fuente
y ése alguien, indeciso, a escoger me
dará.
Probaré ser paloma; me prestará dos alas
vendré de mensajera de paz y de amistad;
pero al cesar el vuelo,
me abatirán las balas
y el odio de los hombres conmigo
acabará.
Escogeré ser árbol, me ofreceré de
amigo
haré más puro el aire, a mi sombra vendrán;
pero hachas centellantes acabarán conmigo
y en brazadas
sangrantes, mis leños llevarán.
Querré en sano intento, ser agua que los sacie
naceré en cada arroyo, vertiente o manantial;
pero al no
compartirme, no me tendrá ya nadie
y dada mi tristeza, me
volveré cristal...
Al fracasar en todo; devolveré a la fuente
sus alas de paloma, su agua, su cristal
y sola en el oscuro sendero,
nuevamente,
pasaré de ser vida.. a ser eternidad.
Quisiera hacerte una casa
en medio de mi litoral
con los ventanales
del color del viento
con su azul cristal.
Le
pondré praderas
pintadas de luna
con un firmamento
de celeste
tiempo.
Con las caracolas
color doraduras
te haré una gruta
y serás lo más alto
de todos de mis sueños.
Hacerte quisiera
con las aguas frescas
de mi litoral,
una
barcarola
que meza tu alma,
que arrulle tu gesto,
que bañe el
remanso
de tu gran caudal.
Y entre el inmenso pórtico
de esa
gran casona
en cada mañana
te veré cual astro con tus
albos rayos
mirando al confín.
Y con aquella albura
de tu
alma buena,
irás, bendiciendo el éter
que aspiran las
almas
y bendecirás, cual angelical,
la inmensidad de todo el
palmar.
Y cuando me tientes
sientas de mi vagido
cual tierno
destello
entre tus entrañas,
entonces, madre,
te
sentirás ungida
por todos los siglos.
LEONELA MASQUEZ SOLIS.- Lambayeque. Obras publicadas: "Murmullo en el Hontanar", "Hoguera de Otoño" (1973), "El fruto que no creció" (1992). Obras inéditas: Poesía y cuento para niños, Fábulas, Décimas. Integrante de varios grupos literarios ADEL, PIRCA, Casa Nacional, Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil y otros.
Podría morir en este instante
sin haber amado
a Dios
-como él quisiera-
con el camino deshojado
a la edad
del misterio
con la luna
ocultándose tras su velo
nocturno...
y tengo miedo.
Podría amarte, desearte, hasta adorarte
después del precipicio de la muerte,
espantarlo todo,
desafiar la infamia de las arañas
pero, podría
también ser una piedra si quisiera...
y tengo miedo.
Podría ¡Oh Dios!
orar en velos blancos
hasta ascender más allá de la pureza.
Pero, en esta noche
él ha enmudecido mi destino.
Y yo te he buscado
y tú
te has perdido
en el camino.
Quiero a mis sueños en su universo
disipado...
y tengo miedo.
Podría en fin
ser un relámpago o una
tenue y eterna luz
en su blanco sendero,
exprimir mi nocturna memoria
y amarle sin recuerdos;
y me contengo.
Creer en él, pero,
aún me quedan dudas...
amarle... y tengo miedo.
Las hormigas trabajaban
de la noche a la
mañana
incansables, construyendo
transportando, concertando
con ahínco denodado
así un futuro guardar
provisiones
a porfía
y ya no sufrir después
de hambre, frío o
sequía.
La luciérnaga que veía
a diario tantas
faenas,
se decía presumiendo
-"Yo sin tanto trabajar
voy
el camino alumbrando,
sin mí no pueden ni ver
por donde van
caminando".
Y en tanto que así pensaba
llegó el
invierno, dañando
su cuerpo desfallecido,
sin techo donde
guardarse
sin calor y sin abrigo.
¡Oh, pobre desprevenida
ni
tan siquiera comida
guardó para sustentarse!
¡Ay de
mí! -triste decía-
contemplando el hormiguero
que de orden
relucía
"Debí pensar todo aquello
sin presumir
fementida,
pues guardando "Pan pa mayo
ahora no
sufriría".
Hay que pensar con acierto,
que esta lección
aprendida
escrita estará por cierto
en el árbol de la
vida.
Para esta sed que yo tengo
inmensa como la muerte
sagrada como la vida
busco, en la herida de las tardes
quemadas por
la sequía
como carne sollozante,
tu corazón hecho de agua.
Cántaro
arcilla morena
secreta inquietud
de río
o de lluvia prisionera,
cuenco de esperas dormidas...
Desde el fondo de mis horas
bajo cielos despiadados
extraños
fuegos me acosan
y a tus orillas me llevan
tus manos de trigo
tu
aliento de viento
tus ojos de sombra.
Era la palabra balbuciente, extraña
estremecida carne azul
que en sed ardía.
Sueño primero
de inexpertas alas.
Era mi corazón....amaneciendo a solas.
Era tu
presencia derrotando sombras.
Vuelo supremo. Voz alucinada
de los ecos
en el vértigo del tiempo.
Fue la palabra que jamás se dijo.
Fue la
palabra que enclaustró el silencio.
Cristo, no quiero verte crucificado.
No más
el clavo, el hierro en tu carne
no más la herida en el costado
ya
no la hiel en la palabra.
Que Judas no traicione nunca más
no
negativas antes que el gallo nos alerte
ni las haya después de
medianoche.
No quiero ver sangrando tu mirada
ya no tus heridas
para nadie.
No más tu sangre derramada
ya nunca tu esencia
fustigada.
Que nunca tu madre quede sola
que no haya mantos con tu
astilla.
Quiero verte triunfando en la palabra
en el acto de
fe de nuestros hombres;
quiero verte beber de los puquiales
comer todos
los días con los niños.
Quiero ver tu pan en cada mesa
tu
herida convertida en luz de libros.
Cristo, baja hasta todos los poetas
justifica el
canto de su verbo.
Ven Tú, a vivir en cada choza:
justo es que
por fin haya justicia
cubrir es preciso y necesario
carencias de todos
los que sufren.
Mi Cristo, es justo y conveniente
que al fin vean
mis ojos el triunfo
de todo tu amor para nosotros.
Ayúdame Cristo
en cada verso
en cada carta, cada acto de amor
en este río de
sangre, esta lucha
por la paz total de tu Alianza.
Fernandito durazno y terciopelo,
risa de miel,
dulzura, caramelo.
Quiero hundirme en tus sueños de arlequines,
polichinelas, turrón y confitura
y confundir mi pozo de
cariño
con tu piel de ambrosía y de ternura.
Sumergirme en
tu alegre fantasía,
en tu mundo de magia y embeleso
y sentir
conmigo la inocencia
en el candor ingenuo de tu beso.
Cabalgando contigo
en nube rosa
quiero llegar a tus encantamientos
poblados de
rebaños de dragones
y con castillos de dorados cuentos.
Fernandito durazno, caramelo,
que llegue yo, siquiera en un suspiro,
a tus espigas con sabor a cielo.
Primavera de besos en mi jardín había;
en mi rosal fragante cantaba el ruiseñor:
era una canción
de amor y de alegría,
que hace la vida estrella y el pensamiento
flor.
Después...., la primavera perdió su
colorido.
Deshojadas las rosas cayeron del rosal;
y sobre los jirones de
dolorido ensueño,
cantaba el ruiseñor una canción
triunfal...!
Canta todavía sobre las rosas mustias,
sobre
la fría niebla que cubre la ilusión;
entre las misteriosas
horas de la angustia
entona dulcemente su divina canción.
¿Qué ruiseñor canta amores y
alegrías
sobre la dura nieve del desierto altar?
¡Es el ave
encantada de tu amor, madre,
que arrullándose siempre, no me deja
llorar...!
Voy soñando, soñando por el camino
estrecho,
por el toldo temblante de los geranios rojos,
con lirios en
las manos, con rosas en el pecho,
con amor en el alma y con llanto en los
ojos.
Voy soñando bellezas como sueña quien ama
y del amor sublime rojo cáliz apura,
rompiendo con mi cuerpo las
flores de retama
que tienen de belleza y tienen de amargura.
Voy soñando..
MADRE, paloma herida en la tarde yacente
de este
otoño,
hoy, vamos a emprender un nuevo vuelo,
le impostaremos tu
coraje.
Ponte tu traje tallán, madre
que hoy vamos a
incendiar el valle
de bravura.
Al duro trajinar de nuestra ansias,
haremos florecer "nuevas" espigas...
para multiplicar el pan,
en nuestras mesas.
Hoy, vamos a poner los puntos sobre las íes
y
también, sobre las úes
para nuestras voces, degüellen la
injusticia
con la espada de los valores.
Deja que los sauces lloren tus ternuras
madre
mía.
Iza tus lágrimas, al tallo de las rosas.
Nadie nos
enseñó a mirar estas murallas,
pero hoy, ¡Zas! Vamos a
derribarlas.
Ven conmigo Madre,
y corramos juntas con el río,
Cantando, hasta el mar.
A la Srta. Amalia Puga de Losada
leyendo su soneto "Al
Mar".
La lumbre de tus ojos no he mirado,
ni en ellos tu
ideal he conocido;
nada más que tus versos he leído
y
llanto de ternura he derramado.
¡Ah! ¡Cuánta magia tiene tu rimado,
y, en tu ser, que conjunto se halla unido...
Transportarse mi
espíritu he sentido;
y un palacio de amor te he levantado...
Del sentimiento inspiración divina,
¿A
quién no ha conmovido su lenguaje,
del soneto "Al Mar",
casta heroína?...
Ya que entre verdores y follaje,
naciste orgullo de
la tierra andina,
¡Recibe con agrado mi homenaje!...
Aquel día mi mente dejé vagar
y la vi
correr a orillas del mar.
Su dulce mirada sentí, y con
su brazo
en alto, la vi partir.
Pequeña niña de harapos,
corriendo iba
a hacer sus mandados,
tarde no podía llegar, sino una
golpiza su
madre le podía dar.
Cómo es la vida Valichita, tienes un
hijo
siendo muchachita; pero,
la vida a madurar te enseñó.
Aunque muchas veces el destino
tus ojitos de lágrimas
llenó...
más sin ocultar tu gran corazón,
llevas
amor a todo rincón, porque
eres obra buena del gran creador.
Nunca desesperaste, ni imaginaste,
que serías
una gran señora,
mi adorada Valicha, tienes un viejo
que te
quiere y trece hijos que adoran,
que pagar quisiera aquel amor abnegado,
que tú, sin pedir nada les has dado.
Hoy mi mente al presente volvió,
y al verte
allí, el amor
en mi semblante, orgullo formó.
Doy gracias al Dios el tenerte y
le pido nunca,
nunca perderte...
y si por casualidad, alguna vez
se asomara una
lágrima a tus ojos,
séllala con tu dulce sonrisa
como yo
sellé la mía,
al recordar tu rostro,
mi querida Madre
mía.
¿Quién va a espantar
la plaga de
pelícanos malhumorados?
Yo no, dijeron los huraños patillos
yo tampoco, dijeron los derrotados
calamares.
Y desde una
prehistórica barquita
se incorporaron los delfines,
escribiendo
en las líneas de las olas:
Madres pececitas,
perdónalos,
los pelícanos son
disléxicos,
no comprenden el lenguaje de
los
peces.
Entonces los peces crucificados
en el vuelo de la muerte
dibujaron una rosa náutica
dándole vida a sus escamas.
En la borda de un galeón
con sus viejos
dientes
los corsarios dragones
arrastran el odio
despedazando el
alma
de los quietos cachalotes.
¡He aquí, las ninfas tortugas!
Oran
arrodilladas,
pidiéndole al dios de los mares
que un gran
maremoto en un dos al
revés
les devuelva la Atlántida
y de la Atlántida salgan los peces
a pescar sin arpones al
hombre.
En pañuelos de arena
las gaviotas escribieron
letras
marinas
para conmemorar
"Los derechos de los peces"
Y se congregaron todos
para tomar
el sol en sus manos.
Creyentes los pingüinos, fue entonces
que
levantaron en sus dedos
astilleros,
langostas enterradas en
peñas.
Aquí resucitó la alta fe de los peces
en las
manos de dolientes pescadores.
Y de pronto
cuando el día se batía de
secretos
y de la noche ardía de relámpagos
sobre el
paraíso del horizonte
las gaviotas
inventaron los mares.
Los
mares enviaron sus peces de
colores.
Como testimonio de una espuma
nueva,
del corazón de una barquita
bajo a los bosques de arena
una nuña cargada
con hermosas historias de amor.
Vengo a la Feria Señores
a la Feria del
Limón
con orquesta de ruiseñores
y la alegría en el
corazón.
Vengo a la Feria del limonero
con mi alforja llena
de esperanza
presto a dejar dinero
y gran confianza en mi semblanza.
Cruzando arroyos cristalinos
a través de
troncos como puentes
con mensajes de vientos y molinos
y cantar de
ovejas, soñas y fuentes.
Traigo la embajada de mi chacra
con mis choclos,
limas y verdura
presencia alegre, verde y sacra
a los pies de un pueblo
de bravura.
Vengo oliendo a menta y algarrobo
bien seguro con el
freno y el estribo
con mi risa y poncho como adobo
en coloquio con mi
overo y gallo giro.
Saludo al fruto verde y fuerte
hijo del valiente
campesino
que lleva agro-industria en su suerte
marcando al Perú
mejor destino.
Ancestro de luchas y pobrezas
sediento de agua y sol
radiante
tu fiesta verá grandezas
y tendrás canales de un
río abundante.
Si hoy vemos corrales
de caballos y vacunos
mañana serán raudales
de campos ebrios y fecundos.
Yo vi la Feria del Limonero
con juegos, viandas y
ganado
también con el baile tondero
por eso es que mucho me ha
gustado.
Con rayos de plata en el camino
y el chirriar de la
cigarra
vuelvo como peregrino
al compás de mi guitarra.
Pongamos todos el hombro
a la Fiesta del alto Piura
para que sea mañana asombro
cómo honrados la natura.
Como lucen las estrellas en la noche de los tiempos e
iluminan a los mundos con raudales de esplendor,
se destacan en el rumbo
de los grupos y los pueblos
grandes héroes,
de hazañas y
proezas que eternizan con acciones singulares,
aureoladas con destellos de
lo grande y lo inmortal.
Son los hombres que vinieron con honor
predestinado,
desplegando con sus bríos triunfadores
la
hidalguía de la espada, la grandeza del talento,
y la bélica
potencia en los campos del honor.
Son los grandes luchadores
que dejaron
su existencia positiva en cada época,
en las altas epopeyas
permanentes
consagradas en las páginas más bellas de la
Historia.
Entre estas figuras magnas de ejemplares magnitudes,
insurgió un valiente, altivo y fuerte niño
que
ostentó su patriotismo con epónimo arrebato
de ímpetus
incontenibles, y deseos de luchar.
Su presencia y su talento florecieron en
los Andes.
Educó sus sentimientos y adquirió conocimientos
en los claustros centenarios del Colegio San Ramón.
Se
formó su alma en los llanos, las alturas y los valles
de la heroica
Cajamarca, la de belleza sin par.
Forjó su ánimo sereno
contemplando paisajes
y aspiró del trueno airado la potencia
irrebatible
que hace temblar a las crestas de los Andes indomables.
Este niño. Este patriota extraordinario
era
Néstor Batanero, que a la edad de catorce años
requería
armas de fuego y un lugar en la contienda
para luchar, valeroso por el honor
ofendido
de nuestra Patria humillada.
Tiene el gesto del que aspira ser un brazo más,
vengando a
su Perú invadido.
En su rostro se perfilan el valor y
la fiereza del soldado,
y es un cóndor que se apresta
para
levantar el vuelo presuroso hacia la altura,
con espíritu
pletórico de ansiedades convincentes
y evidencias inmediatas.
Empinado en el umbral de su esperanza,
el histórico destino de su
estirpe va siguiendo.
Siente el brío del guerrero
que con paso
apresurado se dirige al horizonte
donde todo se define con la sangre
que
es edicto decisivo de vencido y vencedor.
Mas, no obstante estas promesas
singulares
debido a sus pocos años
acceder a su impetuosa
vehemencia fue imposible
y el jefe, con mandado en plaza, denegó su
petición.
Le fue permitido, en cambio, conducir el sacro emblema,
en las rutas del deber.
¡La bandera! ¡La bandera!
Para
Néstor Batanero
ella fue el premio anhelado, el valor más
apreciado
y el amor más venerable.
Ese lienzo sacrosanto
que
al impulso de los vientos
le envolvía entre sus pliegues cual los
brazos de una madre,
y entre caricias sedeñas
le besaba,
maternal.
Néstor nació con un signo, singular y extraordinario
como el grito de un destino:
Ser el mástil palpitante,
que
sostuviera, ferviente,
nuestra blanca y roja enseña,
siempre
enhiesta, siempre altiva,
en los campos de batalla.
Era un lienzo flameante viva imagen de la Patria,
que alentaba a los soldados que luchaban y morían
en defensa de
su honor.
Néstor: Junto a su bandera.
La seguía y
avanzaba, contemplando fijamente
su bicolor simbolismo.
¡Cuántas veces le hablaría con la voz de su silencio!
¡Cuántas veces, con fervor, le juraría
que en la
vida, y en el último peldaño de la muerte
nunca la
abandonaría!
Defensor de la bandera. Siempre se encontró a su
lado.
La acompañó en los Reductos
y en el Morro de
Chorrillos, por salvarla del ultraje,
envolvió su cuerpo en ella y
rodó hacia la llanura,
manteniendo inmaculados su majestad y su
honor.
Luego, el espacio y el tiempo recorrieron dimensiones,
y llegó la gesta heroica de San Pablo en Cajamarca.
Bravo, joven
y aguerrido Néstor Batanero Infantas,
dominando el desconcierto que
el inmenso poderío
del invasor adversario, causó en las filas
patriotas,
con gran táctica y acierto, con siete hombres solamente,
y en el puesto en que el Destino puso a prueba su coraje,
se
enfrentó en sangrienta lucha en el desigual combate,
deteniendo el
rudo avance del prepotente adversario,
dando tiempo a que llegaran
los
refuerzos que sellaron la victoria de San Pablo.
Murió allí el intrépido
héroe:
Murió con el arma en ristre, sereno, altivo y de pie.
Allí se consagró el héroe. El precoz cajamarquino,
el guerrero adolescente,
que nació con la bandera grabada en el
corazón.
Por eso, en justicia honrosa,
aquella enseña
sagrada a la que ofrendó su vida
también lo buscó en la
muerte, para cubrir su ataúd.
Detengamos un momento la emoción y la palabra.
Recordemos la Victoria...!La Victoria!
!Ya descienden frescos lauros a
San Pablo!
Avatares de la Patria ya despliegan sus pendones.
Ya la
gloria entre sus brazos a Batanero levanta.
Pero él, antes de iniciar
su vuelo, coge a su bandera amada,
la iza sobre las alas etéreas de
la Gloria,
y la lleva, tremolando, siempre juntos, siempre unidos,
ya
por siempre inseparables, hacia el seno de lo Eterno.
En el centenario de la Batalla de San Pablo, 13 de Julio de 1882.
Del Libro "CAJAMARCA LA BELLA" Cajamarca-1982
Arbol
que acunas en tus follajes
un nido de
ensueños
polluelos sonriendo
al haz matutino
bajo quietas
alas..
tersas de seda.
Arbol
de raíz fecunda
tu divina sabia
en tu tronco fluye
recorriendo vías
de tirsos
que
guía
a la clorofila del embrión
nutricio.
Arbol
imperecedero
majestuoso
altivo
de
mirar sereno,
te yergues inclemente..
esquivando al viento
retando
al tiempo.
Arbol
de tímida apariencia
protagónico en la ciencia,
rumor cantarino
de cándidos
valles
tu sombra cobija
al exhausto peregrino.
Encarnarme
ansío
en tus blandas
entrañas
sensitiva estirpe,
selva que enmarañas
fecundas ilusiones..
y beber el cáliz
fuente de agua viva
que irradias
por doquier
agrestes linderos
en la ungida tierra
que escoja el señor.
Pescador, pescador
¿dónde pones tus
redes?
¿acaso tienen magia...?
o es que la mar se acuerda
del
bíblico milagro
de los panes y peces...?
Gira, gira la luna su rueca en las montañas
alza el sol su cabeza radiante y desgreñado,
y en la arena
infinita, como piedra tallada
tu perfil de gigante, se divisa en la playa.
Pensador primitivo ¿Qué cuentan las algas?
acaso de tesoros de leyendas gitanas?
o que en el fondo inmersos, hay
oro y esmeraldas
de algún galeón cautivo que habla de raza
hispana?
¿Pero tienes oídos para escuchar los
cánticos
de princesas dormidas en urnas de cristal?
o, tus manos
callosas saben palpar la herida
que la guerra entre hermanos se desangra en
el mar?
Y porque el mar no es niño, no te cuenta leyendas
amargo
cual tu llanto, te dice la verdad,
hay guerras, y hay envidia y hay hambre y
hay miseria
¡y el hombre ya no sabe lo que es fraternidad!
Y este
secreto amargo, te mantiene callado
mientras tejes tus redes en
hierático afán,
y el Dios que llevas dentro, te recuerda el
milagro
de los cestos de peces revertidos en pan!
¡Pescador pensativo, dile al mar que lo entiendes
de su mensaje amargo, las guerras, el Vietnam!
que al desgarrarse un
pecho, aquel adiós horrendo
se desangra en tus labios como
Oración de paz!
Pescador, pescador
¿son de plata tus
peces,
no es el alba y la estrella
lo que brilla en tus redes?
Moldea con tus manos, mil panes en la arena
tiende,
tus redes que vienen hacia acá,
cual bandadas de pájaros, cual
aves mensajeras
los niños de tu pueblo que solo quieren pan!
Gira, gira en tus manos tu rueca de esperanza!
cuéntales las leyendas que te contaba el mar,
¿qué
hay estrellitas de oro? que hay genios, que hay
princesas
dormidas, con
cabellos de oro y de cristal?
Sacia su sed de anhelos, como de pan tus redes,
diles de aquel milagro que Jesús repitió,
¡deja el
rictus amargo y cuéntales si puedes
que el mundo es bello y grato,
cuando existe el amor!
¡Qué hermosa es la amistad!
Cómo
une los corazones,
liga pueblos y naciones
y propicia la hermandad.
Amistad maravillosa...
Generoso sentimiento
presente en cualquier momento,
de pena o felicidad.
Qué bonito cuando existe
esa sincera amistad,
que todo embate resiste
y sin regatear se da.
Qué maravilla tener
amigos con quien poder
disfrutar y compartir
la alegría de vivir.
La amistad es un tesoro...
Un regalo del
Señor,
que hay que cuidar con decoro
y cultivar con amor.
Que tu amistad sepa oír...
que tu amistad
sepa dar...
Y sepa dar sin pedir
y comprender sin juzgar.
Que tu amistad nada tema
que, con verdad, alce la
voz.
Que la verdad sea tu lema,
porque la verdad, es Dios.
Del mundo antiguo retembló el cimiento:
la
bárbara irrupción, como un diluvio,
llegó a Roma con
ímpetu violento;
y allí el germano de cabello rubio
y
azules ojos reposó tranquilo,
engañando nostalgias del
Danubio.
Entonces el Cristianismo, que un asilo
tuviera en
misteriosa catacumba,
de la espada imperial huyendo al filo,
saltó brillante de esa negra tumba:
la perla surge en los
revueltos mares
cuando furiosa la borrasca zumba.
Alzándose los templos a millares
sobre aquel
suelo do el patricio hiciera
oblación de cristianos a sus lares.
La buena nueva se extendió doquiera,
abrió en la humanidad
surco profundo,
y el Arbol de la Cruz, sacra bandera,
tremoló por
los ámbitos del mundo.
II
Pero siglos después, su obra concibe
en el
seno de Arabia un gran Profeta,
que en las palmeras su Corán escribe.
Y aquella raza vagabunda, inquieta,
de valor temerario, fatalista,
brazo de hierro y mente de poeta,
sus legiones innúmeras alista,
desenvaina el alfanje de conquista;
atraviesa la líquida llanura
que de sus costas los contornos baña,
y prodigios haciendo de
bravura,
entre arrojo español y árabe hazaña,
ayudada por pérfidos traidores,
se enseñorea en lo mejor
de España.
En perfumados cármenes las flores,
de blancas
que eran, las tornaron rojas
de sangre y de vergüenza los vapores;
y en la Vega gentil donde las hojas
de pomposos laureles verdeaban,
contemplarse pudieron las panojas
que cimbreadoras palmas ostentaban,
y su oasis al hijo del desierto
en el pensil de Europa recordaban.
Sí, allí la planta del muslime incierto
tranquila se
fijó, y esos confines
su mano transformolos en un huerto;
entre
bosques de nardos y jazmines,
y junto a la mezquita do al creyente
convocada la voz de los muecines
radiante de esplendor, alzó la
frente
encantado vergel para la zambra,
ese palacio de hadas refulgente,
ese alcázar de genios, esa Alhambra...
III
Pasan años y lustros y centurias.
Al pueblo
aquel que confinado gime
en las montañas de Aragón y Asturias,
concede el cielo una mujer sublime,
que lucha sin cesar frente a Granada
y, forzando sus muros, la redime.
En la morisca Alhambra es aclamada
la
católica reina de Castilla
libertadora de su patria amada.
Mientras el sol de la victoria brilla,
lágrima silenciosa,
allá en la Vega,
de Boabdil humedece la mejilla;
y el manso
Duero, que esos valles riega,
puede escuchar el cántico de alguna
piadosa virgen que por todos ruega.
Y allí donde lució la
media luna,
la Cruz del Redentor se eleva entonces;
y en el alto alminar
pone Fortuna
en el lugar del muecín, cristiano bronce.
IV
Era para Isabel, genio fecundo,
santamente ambicioso
de victoria
predestinado a completar el mundo,
vencer al musulmán
escasa gloria:
necesitaba el hecho que la encumbra
con visos legendarios
en la historia,
el hecho aquel cuyo esplendor alumbra
la noche de los
tiempos, cuya flama,
de fulgor mitológico, deslumbra.
Aquel hecho que empieza cuando llama
el Marino a las
puertas del convento,
y termina en el seno de la fama...
¡Oh, inconcebible instante! ¡Oh, gran
momento!
Cual si un mundo de enorme pesadumbre
de Colón agobiara
el pensamiento.
Comprende él que envidiosa muchedumbre
le
insultara con bárbara ironía..
Más a través de
todo, ve la cumbre
adonde Dios al escogido guía:
al Calvario se
llega agonizante,
pero ¡se resucita al tercer día!...
En la Rábida encuentra al Almirante
lo que
juzgó imposible en su abandono;
y cuando de Isabel se haya delante,
expone su proyecto en firme tono
y un mundo, exclama, descubrir os juro
para la fe de Cristo y para el trono.
Y contenta al navegante oscuro
y descubriendo el
misterioso arcano
que guarda entre sus pliegues lo futuro,
cruzar anhela
el azulado océano,
de hasta entonces indómita fiereza,
y
tiende a aquél su protectora mano.
La corona que ciñe su cabeza,
ya transformada
en voladores naves
proclamará su nombre y su grandeza..
¡Carabelas, volad! Cánticos graves
os
entona la mar son sus rumores:
Dios del cielo os bendice, aroma suave,
la Atlántida os reserva entre sus flores..
V
¡Silencio!... el verbo a descubrir no alcanza
cómo surgió entre la densa bruma
convertida en verdad, esa
esperanza.
No intenten, no la lira ni la pluma
en cuadro bosquejar del
continente
dormido entre sus sábanas de espuma
y despertando al
beso que en la frente
los labios de dos genios le dejaron
cuando bajo la
cruz omnipotente
Isabel y Colón se coaligaron...
VI
Que nos cuentan los sabios mil verdades
que hable la
Historia lo que quiera un día;
que nos descubran tristes realidades,
ha de seguir la humana fantasía
viendo a Colón entre
rosados velos
de descubrir un mundo en la porfía,
y a despecho de
envidias y recelos
extendida la diestra hacia el espacio
fija la vista
en los profundos cielos.
Y siempre de Castilla en el palacio
ha de mirar, en
perfumada zona
cubierta por celajes de topacio,
a la augusta Isabel, a
la matrona
vencedora feliz de Abencerrajes,
quitando de su frente la
corona
y los joyeles de sus ricos trajes,
para adquirir las navecillas
de oro
de ese magnífico viaje de los viajes.
Verá América dando su tesoro
de
millones de súbditos rendidos,
que el canto del esclavo alcen en
coro;
de majestuoso bosque parecidos
al Líbano inmortal de las
cabañas
son del amor encantadores nidos;
de cadenas de
vírgenes montañas
otorgando al íbero generosas
las
riquezas sin fin de sus entrañas;
ha de ver producir lirios y rosas
valles cual Jericó y Alejandría
para adornar espadas
victoriosas;
y en la nave desierta y solitaria
del templo de pasada
idolatría
surgir para el incienso y la plegaria
los altares del
Hijo de María.
Mangachería la pobre,
Mangachería
piurana,
la de las chozas de barro,
la de los techos de paja,
¿quién ha dicho que no tienes
una historia que
contarnos?
Historia de tiempos viejos,
de tiempos que ya
pasaron;
que boca de los abuelos
sabor de cuentos dejaron
al
trasmitirla a sus nietos
para orgullo de sus almas.
¿Quién
no ha dicho que no tienes
tradiciones que nos hablan
de lo que fueron
los hombres
y de las mujeres piuranas?
Dentro tus chozas humildes,
bajo tus techos de paja,
orgullo de hombría en ellos,
bravura
que en ellos habla
de herencia de razas fuertes,
altas, templadas,
gallardas.
Todo un mundo de recuerdos
mézclanse en mi
mente gratos;
memorias de tiempos idos
que oyera en mis tiernos
años.
Las épocas se confunden,
mas, los hechos, surgen
fáciles
y los personajes vienen
como flotando en el aire.
Años de la Independencia
ha ya tiempo que
pasaron;
los años corren que vuelan
y a la confederación
llegamos.
Por Santa Cruz los piuranos
su lealtad han jurado;
contra los Restauradores
se han batido como bravos.
No importa los
que perdieron,
no importa los que ganaron,
que también pierde el
valiente
que en la lid muere matando.
Frente a la Plaza de Armas
la
Iglesia Matriz se alza
y frente a ella la tropa
encuéntrase ya
formada.
Santacrucinos vencidos
deben en ella enrolarse
para
completar las filas
del vencedor arrogante.
Frente a la tropa el
chileno,
coronel de recia estampa,
revista pasa la gente
que sus
cuadros completara;
que ya de Piura alejarse
piensa el vencedor, dejando
madres que lloran sus hijos,
hijos que lloran sus padres,
Más
¿qué pasa entre la gente
que comenta bisbiseando?
Una mujer ha cruzado
por las filas apretadas
y
las gradas ha subido
donde el coronel se halla.
Su ademán es
decidido
y el vestido que ella usa
es de la mujer del pueblo.
Su
negra manta terciada
por sobre los hombros lleva
y de todos los piuranos
la atención ella concentra.
El coronel, sorprendido
alza la
frente altanera
y pregunta:- ¿Cómo llegas
hasta
aquí? ¿Qué es lo que
quieres?
- Señor, yo
quiero a mi hijo,
al único que me queda;
al hijo de mis
entrañas
que tú, señor, te lo llevas.
Mira,
señor, que es él, solo,
el que Dios me deja,
y no quiero
que, soldado,
me lo maten en la guerra.
- Mujer, esto que tu pides,
concedértelo no puedo;
retírate, pues, y deja
tu necio
e inútil ruego.
Y confirmando en el acto
sus palabras con los
hechos
orden dicta de alejarla
de su presencia al efecto.
Entonces,
como un relámpago,
que cruza rápido el cielo,
la llama del
odio enciende
en sus ojos el destello
y arrancándole al soldado
la lanza con que pretende
detenerla y alejarla
de la presencia del
jefe,
arrójase, contra él, fiera,
y lo atraviesa al
instante,
con fuerza que sólo crea
el amor que se convierte
en corriente de odio intensa.
Cayó el coronel herido
y
cayó la madre cerca
tinta en un charco de sangre
que
tiñó la blanca acera.
Sangre de madre mangache,
sangre
valerosa y fuerte,
que corres, pura y fecunda,
por las venas de tu
gente.
Así te regaste un día
frente a la plaza del pueblo,
en las gradas de la Iglesia,
bajo el azul de tu cielo.
En la Mansión silenciosa,
Mangachería,
que guardas,
quedó esta mujer valiente,
mujer mangache y piurana.
Su recuerdo está flotando
todavía por el aire,
entre
una mundo de recuerdos
que en mi mente surgen fáciles.
Recuerdos
de tiempos idos,
de tiempos que ya pasaron;
que tus hijos atesoran
para orgullo de sus almas.
A toda la juventud que emerge a la vida
¡No nos dé más lecciones,
señorita profesora!
¡Por favor no hable más!
Tengo ansias de salir,
tengo ganas de correr,
contra el viento,
junto al sol;
recostarme sobre el pasto
¡empezar a vivir!
No
nos dé más lecciones
señorita profesora!
Mientras
usted llena
la pizarra de pilas
acumuladores y fórmulas,
la
FISICA se estrella en mis
pensamientos
y sigue bullendo dentro de
mí
ansias locas de divagar.
Señorita profesora,
no se
enoje por favor,
parece que hay algo
que nos incita a ser sinceros
a
contar nuestros secretos
a gritar nuestras angustias.
¡Por favor no hable más!
Deje que mis
quince años
se rebelen sólo esta vez
le prometo estudiar
pilas, acumuladores y fórmulas
le prometo aprenderlo bien.
Ahora quisiera estar sola
envuelta en el silencio,
de mi salón desierto,
o en la quietud del patio
sin tilines
ni talanes
de la campana sonando.
Quisiera ser el susurro
de la
brisa entre los árboles,
el murmullo del agua cristalina
que se
escurre entre las piedras;
quisiera decirle a gritos:
¡No nos
dé más lecciones,
señorita profesora!
Le prometo
estudiar
aprendérmelo todo...
¡Pero por favor no hable
más!
Jacinto es un hombre de mi tierra
como
otros tantos que habitan otras tierras.
Tiene mujer de cabellera larga
atada al tiempo de la cosecha,
hijos que la fortaleza despertó
en la cruz de sus campesinos brazos
y una casita construida con barro de
su mismo cuerpo
mezclado con golpeadas ilusiones,
también tiene
un perro de párpado pegado.
Sus tierras las sembró
trayendo
en su sombrero de viento y sol
semillas matutinas
de las orillas del
alma.
Tiene los hijos de lluvia, el rostro húmedo y caminando
la
voz unida al grito de la raíz
y el corazón de canto del
pueblo;
Por las tardes
hunde en la hamaca su
cuerpo y sus venas
y entrega a la esperanza sus manos y sus
días;
Tiene innumerables amigos
que entre carcajadas y tragos
perseguidos
comparten sus inviernos y sus temores.
Jacinto no conoce las letras
pero
nació firmando su nombre en cada surco del arado
no ha ido a la
capital
pero el universo le ha llegado a su imagen y a su follaje
no ha
terminado de vivir
pero hace tiempo murió para que la tierra
fermentara.
Jacinto de mi tierra, de otras tantas
tierras,
de otros tantos campos
déjame renacer bajo tu manto de
espigas
y unirme a tu canto inquieto y libre
de palomas sin
fronteras.
He dado todo lo que era mío.
He abierto de
par en par
las puertas
de lo que era mi morada...
Las plantas que
sembré
las he dejado
para que otros gocen
de sus flores...
Sin nada me quedé!...
Vinieron los destinos
vestidos de
gendármenes
y me lo arrebataron todo
todo...
No sólo
mi casa, sino mi huerto...
El huerto que había sembrado de ilusiones
de esperanzas, de mañana...
Ahora
me encuentro anudada en un
hoy
indeciso y perdurable
que atraviesa a lo largo
el hilo de los
tiempos
mientras desorientada yo
voy cargando sobre el hombro
mi
ayer y mi mañana...
Si pudiera decirte
lo que llevo aquí dentro.
Si pudiera explicarte
lo que por ti siento.
Sólo puedo decirte
que en mis sueños
te siento.
Que el día es angustia,
por no tenerte
en mis
sueños.
Que las horas que paso
reclinada en mi almohada,
son las horas
más bellas
de mi vida callada.
En mis sueños me amas,
en mis sueños
soy tuya
tomadas las manos
recorremos caminos
y en los rostros
hay vida.
Y esos tus cabellos
volados,
por un viento
divino
a tu tez, le dan marco
de un rey encantado.
Son tus ojos enormes
los luceros que alumbran,
que le dan a mi vida
una esperanza callada.
En mis sueños me amas,
en mis sueños
soy tuya,
y sólo espero las noches
para ser siempre tuya.
Menudo problema de estómagos vacíos,
canto de sirenas, bosques de tanquetas.
Reelecciones, pena de muerte,
cadena perpetua.
Laberinto sin igual.
Erosionan nuestras pasiones,
se estremece las carnes.
Espacios vacíos. Encuentros. Miradas.
Dulce
alegría del canto de un niño.
Y tu presencia Tere, de pinceladas
de versos, de
poesía, de verbo
de sabio encanto guerrero. De tierna
mirada;
vieja madera.
Caminamos mucho, de la mano, muy cerquita
y en la
humedad de la noche infinita
cuando el viento cruza nuestras mejillas,
otra vez, tu cálido aliento mi querida Tere.
El silencio crece. Irrumpe de tus labios
el
convulsionado rezo.
Por la selva, por el ande, por el silencio,
siento
que vives y nuevamente el estremecimiento
de mis huesos.
Ciertamente Belmont, las ciudades
son más
hermosas por las noches negras;
pero dicen que a la Tere no le gustan
las luciérnagas, los parques, las iglesias
y los portones.
Ella siempre corre tras los esqueletos
de los
zorzales. De las descoloridas mariposas
que se esconden tras las flores
secas
de los labios resecos. De los rubios opacos
de los cuerpos
polvorientos.
Allí donde la Dema va tejiendo las
lágrimas
de la vida, entre los días y las noches
de
CARITAS y de CARE. Sorteando alegría,
venciendo al hambre, viviendo
cada día.
Y mi canto es el son de mi pueblo con tabaco y ron;
amando a un socialista de boina negra, con alma de poeta.
Esperando que
acaben las dudas y los temores,
para entrar en el circo de mi barrio y matar
a la tristeza, riendo de la economía de mercado.
Visto de domingo
para que se asome a la ventana
el mensaje que yo espero.
Atisbo desde mi lecho
de ginkana el
nombre
secreto
de mi amor fantasma.
Imploro con fervor
de niña
al alma de
siglos
de un apóstol ciego.
Y el cielo con ceño
de lunes
me responde
sin pausa
que vuelva mañana...
Cantora de imprevisible empeño,
la vida se
inviste
de alegría o hielo.
Paisaje solar de la
experiencia;
óyeme
tú, inexorable alondra,
no quiero que arruine
mi tristeza
tu
inapelable vuelo.
¿No me querías así
nimbada de
inocencia
y exagerando un poquitín
mis alocadas sueños?
¿No me querías así,
danzando en
pleamar
cual impávido arlequín?
¿No me querías así,
salida de
la fiesta
y en épica carrera
llegarme hacia ti?
Cariños, cogidos todos
en un puño
¡guardad mis días y mis noches
en un lago que no tenga
fin!...
Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.
Y llegaba el río
cargado en sus aguas,
y llegaba el verde
en todos sus verdes
y llegaba el viento cantando esperanzas.
Y las tardes blancas
de blancos espejos
iban
deslizándose en pausas muy largas.
Y la vieja Iglesia
guardaba en su seno a la Santa
Lucía.
Qué Moche más blando.
Qué
blando silencio.
Qué leche más blanca.
Qué lento el
pollino
envuelto en un dulce tin tin de cantinas.
Y en Moche aún estaban
las puertas abiertas.
Ay, Santa Lucía,
Mochera de estrellas.
Ay, Santa Lucía, Patrona
de los pies descalzos,
bendice las
huacas del Sol y la Luna
y siega la ronda
de pasos gentiles.
Conduce
hasta el surco sagrado del tiempo
la mano labriega
y al son de campanas
bendice tu tierra
porque hasta hoy en día
en Moche se
encuentran las puertas abiertas.
Embriagada de poesía,
revuelvo los ojos del
sentimiento hacia el alma,
quietamente quiero llegar hasta la llaga
en
la que brota la fuerza de mis tormentos.
Siento dentro de mí,
cómo bulle la fuerza de la sangre
anhelante de expandirse en
lengüetas de ardiente
fuego,
burbujeando se agita a cada instante,
y se desplaza jadeando hasta querer llegar al cielo.
No sólo la
furia, también la calma quiero,
que ni una pluma se eleve por los
aires
que ni un suspiro se escuche en mis oídos.
Desgarrándome los dedos, ensangrentada el alma
hasta la cima de
ella llegaré, para encontrar
la esencia de mis fuerzas, a las olas de
mi calma;
sólo así descansaré, entornaré los ojos
diluyéndome en mis sueños;
mientras, aquietaré a mi
aliento
buscando en ti, poesía
lo que no encuentra mi
razón.
Al igual que un Ave Fénix
alza un hermoso
plumaje,
las mujeres de Trujillo
alzan su elegante traje,
adornando
sus cabellos
con diademas y con flores,
hacen de su marinera
una
fiesta de colores.
En sus ojos hay promesa
en sus labios
frenesí, y
en su talle de palmera
sugestiva insinuación.
Luce el pañuelo la esencia
de su gracia y
distinción,
y hay en su paso menudo
de sutil gacela airosa,
mezcla de estirpe y salero
en armónica conjunción.
En gracia, sacerdotisa;
con picardía al
bailar
invitan a su pareja
con devaneo muy peculiar.
Se alza el varón bajo el ala
de su sombrero
dormido
y cual potro enjazado
de fina estampa peruana
vuelca su
gracia galana,
heredad tradicional,
para lograr conquistar
a su
gracia pareja
que ya lo invita a bailar.
Se va acercando muy cauto
con su paso mesurado,
y en mirar airado
de galán conquistador,
hay vehemente deseo
de resultar triunfador.
Ya se acerca ya se aleja
con caprichoso rodeo,
cita ahora a su pareja
en elegante toreo,
y con su poncho criollo
encarrujado a la espalda
revolea la falda
que entre sus blondas se
mece.
La tribuna se estremece
el coliseo se agita,
la
fuga enciende en la tarde
matices de festival,
y la sangre le palpita
aumentando el caudal.
Mil arabescos dibuja
agitando su pañuelo,
clava la estaca en el suelo
con gesto de gallo fiero,
repica punta y
talón
en frenético zapateo
que ¡reta! ¡exige!
¡obliga!...
Y ella con gracia mitiga
la impetuosa
expresión
de galán, que ante su encanto
postrándose
de rodillas
le entrega su corazón.
A la voz del GATO BLANCO,
COMO baila "LA
TRUJILLANA",
"SACA CHISPAS", "LA CHICLAYANA",
al
compás de "LA VEGUERA"
y baila la marinera
"LA
CONCHA DE PERLA" peruana
que de su gracia se ufana
ante "SAN
MIGUEL DE PIURA".
Y en el GRAN CHIMU perdura
al son de la marinera,
la gracia y el señorío
de la mujer de mi tierra.
A carbón viajan los vapores, madre
y en
carbón convierto el timareo
entre mis manos.
Te hago presente mi
viaje a Iquitos
en uno de esos vapores que
tanto sueñas.
¿Recuerdas tu primer viaje a la
ciudad?
Tú ofrecías los mejores frutos
del
temporal
recogidos en el patio de la casa.
Desde entonces recuerdo tu
pudor
y tus vestidos miserables.
Timareo se llama este pueblo
donde
arden los hombres
en los azotes del sol.
Yo soy uno de ellos, madre.
Carbonero primerizo,
aprendiz de desdichado.
Esa angustia infinita
que me atenaza el alma,
y
surge incontrolable
a través de mi carne doliente
asoma tenaz y
malvada;
ahoga mi corazón
con mil estrellas muertas.
Páramos de arena
sobre mis entrañas...
Se me
negó el amor
sin culpa mía;
la ternura se esconde
de
mi abrazo como
rayo de luna entre la niebla,
noche eterna sin luz
para mis ojos muertos.
La casa de Vallejo es mía y de todos,
es un
pequeño rincón de piedras
techos de tejas y pilares de
eucaliptos.
Está llena de poemas y recuerdos.
En el
pequeño poyo donde Vallejo
descansaba
me senté y
sentí que él me hablaba
juntos caminábamos por las
calles de
Santiago.
El horno donde su madre hacía el rico pan
y las semitas, está abandonado y muy
oscuro.
Semitas que
escondía debajo de su
almohada
para comerlas por las madrugada.
El cuerpo donde nació se despojaba
cuando sentía dolor
vertical.
Vallejo no ha muerto, yo lo siento a mi
lado,
todos los
poetas lo deben sentir en su
corazón.
Vallejo no hizo daño
a nadie.
El poyo, el horno, su cuarto
¡Es mío y de todos!
Tu pueblo es muy bello
serás siempre devoto
del
Apóstol Santiago el Mayor,
aunque hayas muerto, siempre
estarás vivo para él
¡Vallejo escúchame!
¡Tú nunca morirás
tú y yo viviremos
juntos!
En el fondo fragoroso de magnífica montaña
cual si fuera el cuenco enorme de una mano gigantesca
duerme en quieta
placidez de reina indiana
una aldea entre verdores, tibia y lírica,
La Cuesta.
Hasta que tiempos ignotos se remontan sus albores.
Desde cuándo en este cuadro de telúrica grandeza
entre
montes, arroyuelos y crepúsculos y flores,
fue naciendo a las edades
el villorrio de la cuesta.
Es acaso un extraviado resto pálido mochica
que quedara desprendido de su inmenso collar de oro.
O quizá fue
el ambicioso español quien le dio vida,
al hurgar su entraña
pétrea en demanda del tesoro.
¡Quién lo sabe! En nuestros días es
un plácido poblado
que avisora en lontananza su camino,
despoblándose de atávicos complejos del pasado,
marcha con
la frente en alto en busca de su destino.
Desde el alto Rogoday, de Caniac o desde Carcha
baja
el viento estremecido en un largo escalofrío,
como flecha desprendida
del carcaj de la montaña
a perderse en la encañada que hace
tiempo le abrió el río.
Y en el zig zag de los quengos que en el valle se
desliza,
con sombrero de anchas alas, pensativo va un paisano,
cuyo
poncho, color ocre, va agitando suave brisa,
que silbando va en las crines
de su airoso potro bayo.
Tierra, los días danzan fatigados,
conmovida
lloras no te oyen tierra.
El látigo ha surcado tus montes,
las
estrellas ahora tan distantes
dejan de brillar
esa parásita risa
congeló a la
humanidad,
el aire es aplastante,
luchad contra
la corriente
¡Piedras ánimo!
Una flor creció entre
los cardos.
Habrá tiempo después del tiempo,
hora
tras las horas,
camino al final del camino
espacio más
allá del espacio,
canción aún después de la
muerte
y estos macilentos rostros
tornarán en gesto eterno.
¡Oh llanto silencioso de vientres germinados
en la violácea tierra de la hambruna!
No sé como hablarte, mujer, cuando te miro
mecer sobre tus piernas, un bulto sin destino.
¿Qué camino has abierto para el
niño que importas
a esta patria vestida con harapos y llanto?
¿Qué horizontes has mirado para el hijo
que nace
con cadenas que lo atan a una existencia burda,
salvaje,
enajenada de ambiciones y de odios?
¡No mujer!, no me digas, que el amor fue
más grande.
¡Es que ya no se puede creer esas falacias!
¿Qué diste de ti misma, de tu vida, de tu
alma,
para hacer una cuna generosa y humana
donde crezca ese niño
"forjador del mañana?"
Mujer, mujer... Entraña dolorosa del futuro
¿qué estás dando a la vida?
¿a dónde
vas?
De mis caras han brotado llamas.
¿Conoces
tú lo que es el hambre?
De mi sombra han nacido muertes.
¿Sabes
tú por qué vivimos?
De mis labios han caído noches.
¿Por
qué nos ocultamos tras los siglos?
De mis calles han salido gritos.
¿Entiendes
lo que es el dolor callado?
De mi frente ha nacido el verso.
¿Piensas
acaso en el sabor del hambre?
De mis dedos han brotado lágrimas.
¿Por qué no muero si ya es demasiado tarde?